sábado, 6 de junio de 2009

LAS ORDENES RELIGIOSAS EN EL PARAGUAY.

sábado, 6 de junio de 2009

LAS ORDENES RELIGIOSAS EN EL PARAGUAY.

Cuatro órdenes religiosas tenían asiento en el Paraguay colonial: franciscanos, mercedarios, dominicos y jesuitas.
En la expedición de D. Pedro la Plata en 1536, habían viajado dos mercenarios, Fray Juan de Salazar y Fray Juan de Almancia o Almazán y cuatro frailes jerónimos orden esta última que no llegó a fundar convento en el Paraguay. Los primeros franciscanos fueron Fray Bernaldo de Armenta y Fray Alonso Lebrón, venidos en 1338 en la carabela “Marañona”, de la cual desembarcaron en la costa del Brasil, y que en 1541 pasaron por tierra a Asunción, con el adelantado Cabeza de Vaca. Tomaron ambos parte activa de las controversias de esa agitada época.
El primer Obispo que gobernó la diócesis paraguaya, Fray Pedro Fernández de la Torre, franciscano, que llegó a su sede por abril de 1556, trajo consigo a varios religiosos do San Francisco y de la Merced, los cuales de inmediato tomaron a su cargo la tarea de convertir a los indios a la fe cristiana.
El establecimiento de los dominicos y jesuitas en el Patagua fue bastante posterior y se produjo a comienzos del siglo XVII.
Estas órdenes, sumadas al clero secular, contribuyeron grandemente al desarrollo de la vida religiosa y cultural. Sostuvieron iglesias, escuelas y reducciones, para la difusión de su fe y de las nociones elementales del saber de su tiempo. Sus religiosos se incorporaron a la vida paraguaya y en todas ellas fue grande la proporción de profesos criollos y mestizos, que alcanzaron las más altas jerarquías en las respectivas organizaciones locales.
Las dos figuras de mayor relieve de la difusión del cristianismo entre los indios del Paraguay fueron el andaluz Fray Luís Bolaños (1550-1629), franciscano, y el P. Roque González de Santa Cruz, jesuita- paraguayo, martirizado por los indios de Caaró en 1628.

LOS FRANCISCANOS
Los franciscanos fueron de los que más gran influencia ejercieron en la vida política y cultural. Además del primer Obispo, otros religiosos de esta orden que se distinguieron en la función episcopal fueron Fray Martín Ignacio de Loyola (1603- 1608), por su consagración total a las tareas de su ministerio, y Fray Bernardino de Cárdenas, que en l649 fue aclamado Gobernador en Cabildo Abierto, acaudi1ló al pueblo en su insurgencia y es uno de los más ilustre precursores de la Revolución Comunera. Ya en el transcurso de ésta, los franciscanos se sumaron en su mayor parte, a la lucha de los paraguayos y uno de ellos, Fray Juan de Arregui, Obispo electo de Buenos Aires, defendió desde, el púlpito la justicia de su causa y asumió la jefatura superior de los comuneros sobre el campo de batalla de Guayaivity (1733).
Entre 1os primeros paraguayos que vistieron el hábito franciscano, se contó Fray Gabriel de la Anunciación, hermano del historiador Ruy Díaz de Guzmán en 1598, que había profesado en 1590 y entró a los bosques a predicar a los indios; y alcanzó más tarde la investidura de Guardián del Convento de Buenos Aires. Contemporáneo suyo y dedicado a similar tarea era el guaireño Fray Juan Bernardo, martirizado por los infieles.
El convento franciscana de Asunción era el más importante de la, ciudad sus dimensiones, por el número de sus frailes y por la activa intervención de los mismos en el quehacer cotidiano de la sociedad aquí asentada. Anejo, había un templo concurrido por nutrida feligresía, de todo el sector Este de la capital.
Se dedicaban también los religiosos a la enseñanza de los niños y sostenían cursos de gramática y artes para sus novicios, a los cuales podían concurrir los jóvenes asunceños. Por otra parte, al intervenir en frecuentes controversias en defensa de la causa comunera, contribuían a la formación ideológica de los paraguayos.
Habían establecido además los franciscanos un pequeño convento en la Villa Rica del Espíritu Santo, muy incrementado en el siglo XVIII, y un obraje en el valle de Tapuá, en la actual ubicación de la Colonia “Juan de Salazar”.
En la evangelización del Indio, los franciscanos se distinguieron desde los albores de la conquista, y hasta la exclaustración de sus religiosos, dispuesta por el dictador Francia en 1824, persistieron en dicha tarea. De modo permanente, tuvieron a su cargo los curatos de Itá, Caazapá, Yuty e Itapé, y en más de una oportunidad el de Yaguarón y otras reducciones indígenas. A fines del sigo XVIII, después de la expulsión de los jesuitas, se hicieron cargo de los pueblos de Itapúa, Santa Rosa, San Cosme y Damián, Remolinos, Belén y la reducción de indios guanás ubicada a la altura del río Apa, zona de acción de Fray Miguel Méndez Jofré, de quien partió la propuesta inicial de fundación de la Villa Real de la Concepción.
Fray Luís Bolaños llegó al Paraguay en 1575, en la expedición de Ortiz de Zárate: y aquí sirvió el resto de su vida. Predicó a los indios del Guairá, cuando la Villa Rica y la Ciudad Real eran de reciente data, fundó después Caazapá y Yuty, e intervino en la estabilización de Altos e Itá y de algunas reducciones cercanas a Corrientes y a Buenos Aires.
Corno ya hemos referido, el P. Bolaños fue autor de un Catecismo, en lengua guaraní, aprobado por la jerarquía eclesiástica y adoptado por los jesuitas en sus reducciones. Controvertida su ortodoxia por el Obispo Cárdenas, el Arzobispo de Charcas, D. Juan Alonso Ocón, metropolitano de nuestra Iglesia, lo sometió a una junta de teólogos y lenguaraces. Reunida ésta en Asunción en 1656 lo halló inobjetable y recomendó su uso.
Compañero del P. Bolaños fue Fray Alonso de San Buenaventura, que actuó en el, Paraguay de 1575 a 1585, catequizó en los medios del Guairá y fundó reducciones.
Ya en el siglo XVIII, en los años de la Revolución Comunera, los franciscanos de recolección o recoletos fundaron otro convento, en la vega del arroyo Mburicaó, donde hoy conservan su nombre una iglesia parroquial y el cementerio más importante de la ciudad. Perteneció a esta casa fray Fernando de Caballero, de relevante participación en los sucesos de a Independencia.
“Orden la más poderosa de este tiempo en el Paraguay, contaba con 47 sacerdotes, 8 coristas y 12 legos en la provincia, hacia 1790”.

LOS MERCEDARIOS.
La orden de la Merced, que en la España medieval se ‘había consagrado a la redención de los cristianos cautivos de los musulmanes, también tuvo su casa, el Convento Grande de San José, con Iglesia aneja, en Asunción. Los mercedarios no se dedicarán de preferencia a la conversión de los indios, pero asistían a gran número de negros, mulatos y zambos, descendientes de sus esclavos y de indios dándoles por los gobernadores Ramírez de Velasco y Hernandarias. Dichos pardos habitaban en la ranchería que rodeaba al convento en una chacra a tres leguas de la ciudad yen su mayor parte, en a hacienda que la orden poseía en el valle de Areguá, donde una capilla servía las necesidades del culto.
Los frailes de la Merced impartían enseñanza de las primeras letras y asistían espiritualmente a las principales familias criollas, las cuales mostraban, notable preferencia por ser sepultadas en templo.
Uno, de los más meritorios Obispos del siglo XVII, Fray Faustino de Casas, fallecido en Asunción en 1686, era mercedario y legó su escaso patrimonio para la terminación de la Catedral.
Otro religioso de esta orden, digno de recordación, fue el asunceno Fray Miguel de Vargas Machuca, que tuvo a su cargo la defensa doctrinaria de la revolución comunera, en un manifiesto aparecido en 1732, que lo convirtió en el ideólogo de ese movimiento popular. Murió exilado en Corrientes. El Comendador de ese tiempo, Fray Tomás de Vallejo Villasanti, también se mostró favorable a los comuneros.
Entre los criollos que adquirieron importancia en la orden, debe mencionarse a los PP. Juan Jacques de Aranda, en el siglo XVII, y Juan y José de Yegros y Guzmán, a comienzos del XVIII. Estos últimos eran hijos de O. Diego de Yegros y de Doña Ana Riquelme de Guzmán, que hablan beneficiado al convento con cuantiosos y frecuentes donativos.
Los PP. Manuel Tadeo de la O e Hilario, Gómez respectivamente Comendador y Regente de estudios, formaron parte del Congreso Nacional de 1811, y el segundo de ellos, ya entonces elevado a Comendador, cedió la casa de su orden para que se reuniera en ella el Congreso de 1813, que proclamó la República.

LOS DOMINICOS
El Convento de Santa Catalina Virgen y Mártir, con su correspondiente iglesia, pertenecía a los dominicos y ocupaba desde 1627, el solar que en la década anterior había servido de asiento a la casa de la madre Bocanegra, a mencionada, aproximadamente en La actual ubicación del Estadio “Comuneros”. La comunidad de Asunción formaba parte de la Provincia de San Lorenzo Mártir, de su orden, que abarcaba, además del Paraguay, Chile, el Tucumán y el Río de la Plata.
Pertenecientes a una orden de predicadores y teólogos eminentes los frailes de Santo Domingo se dedicaron a la enseñanza y a la asistencia espiritual de la población urbana. A mediados del siglo XVIII, se les concedió licencia para dictar cursos de nivel universitario en Asunción.
No tuvieron a su cargo doctrinos de indios, pero en su estancia, de Tavapy, vivía una crecida comunidad de negros, mulatos y zambos, descendientes de esclavos de los esclavos y de indios confiados, a la guarda de los religiosos. Sostuvieron allí una capilla de la Virgen del Rosario y una ermita de San Pedro Mártir, para la atención de los referidos pardos y de la numerosa población española y criolla de los “valles” del contorno. Poseyeron tierras en la zona de Capiatá y casas en Asunción, colocadas a censo, y negociaban en yerba.
Varios Obispos del periodo colonial pertenecieron a esta orden y los frailes intervenían en la vida social y cultural de la provincia. Entre los dominicos del siglo XVII cabe recordar a Fray Alonso González de Guzmán, que fue Prior, y a Fray Martín Jofré de Loayza, y entre los del XVIII, a Fray Gabriel Caballero Bazán, también Prior y a los PP. Marcos García de Roa e Ignacio de Orué, paraguayos el primero y los tres últimos. Durante la revolución comunera, el Provincial de la orden, Fray Alonso de los Ríos, combatió al bando popular.
El Prior de Santa Catalina, fray Bernardino Enciso, formó parte del Congreso General de l 811

BIBLIOGRAFIA
Andrés Millé, “Crónica de la orden franciscana en la conquista del Perú. Paraguay y el Tucumán, y su convento del antiguo Buenos Aires 1212-l800)”
José W. Colnago, “El templo de la Merced y cuenta historia’’.

2 comentarios:

Lic. Iris Fernández dijo...

Hola! Tu blog me parece sumamente intersante.
Me gustaría invitarte a la Red de Educadores Latinoamericanos: educamerica.ning.com

Saludos!!
Iris Fernández

Ariel dijo...

Gracias por la invitación. Y me parece excelente la Red Social que llevas adelante, felicitaciones.

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