sábado, 4 de julio de 2009

LA DICTADURA DE FRANCIA Y LA CULTURA.

sábado, 4 de julio de 2009

INSTITUCIONES.

El 3 y 4 de octubre de 1814, un Congreso General de mil diputados, presidido por el Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia, actuando de Secretario D. Juan Bautista Rivarola, acuerda establecer por cinco años el cargo de Dictador Supremo de 15 República, al cual deben prestar acatamiento el Cabildo y la oficialidad y tropa de las fuerzas militares, como se hace. Se ordena la reunión de nuevo Congreso, reducido a la cuarta parte de su número, para el año 1816. La dictadura instaurada, que se confía al mencionado Dr. Francia, sustituye al gobierno consular dispuesto en el Reglamento de Gobierno aprobado un año antes.
El 1º de junio de 1816, un nuevo Congreso acuerda designar al mismo Francia, “Dictador Perpetuo de la Repúb1ica durante su vida con calidad de ser sin exemplar”. El artículo 3° de la resolución dice a la letra: “Congreso General tendrá la Republica cada vez y cuando el Dictador haya por necesario”. Además se dispone requerir al Obispo que en lo sucesivo, en vez de “Regem”, se diga “dictatorum nostrum populo sivi comiso et exercitu suo”.
Desde entonces y hasta la muerte del Supremo Dictador, no vuelve a reunirse el Congreso. El Cabildo es extinguido en 1824, permaneciendo solamente los Alcaldes, para lo judicial, pero con sus atribuciones muy mermadas de hecho. El equipo de funcionarios también se reduce; un Tesorero del Ramo de Guerra, a veces llamado Ministro Tesorero de Hacienda, tiene a su cargo el manejo de los fondos públicos, en tanto que un Fiel de Fechos es ministro universal o amanuense de confianza, y los Comandantes y Sub-Delegados ejecutan las directivas superiores en el interior.

Tan acentuada es la concentración de poder en manos del Supremo Dictador, que él personalmente interviene en la aprobación de mensuras y particiones, juzga, dispone el trazado de las calles, autoriza o deniega venia para matrimonios, resuelve sobre vestuario y racionamiento de la tropa y decide otras cuestiones no menos particularizadas.
No se puede hablar de innovaciones legislativas o administrativas en este período; rige el derecho privado español, se conserva la institución de Comandantes y Sub-Delegados y subsiste, inclusive, el sistema de reducciones indígenas. La administración pública se reduce a un mínimo y desaparecen organismos de competencia y representación local, como el Cabildo, o de trascendencia cultural, como el Colegio Seminario y las casas de las órdenes religiosas.
En estas circunsanc1as, sin embargo, prosigue el proceso de formación social del pueblo paraguayo y de diferenciación respecto de sus vecinos, aun cuando la estructuración jurídica e institucional del Estado tendrá lugar en años posteriores.
Este apartado es versión revisada de la síntesis que sobre el tema proporcionamos al Dr. Salvador Villagra Maffiodo y que éste, poniendo expresamente de manifiesto nuestra intervención, insertó en su libro “Gobierno y Administración del Paraguay” (Asunción, 1961).

IDEOLOGIA PREDOMINANTE.
Difícil es establecer la ideología predominante de una época como ésta, que se caracteriza precisamente por la retracción y el silenciamiento de la opinión pública, por la inexistencia de debate.
Puede, si, apuntarse información sobre el pensamiento del gobernante. Alumno de la Universidad de Córdoba e interno del Colegio de Monserrat en la penúltima década del siglo XVII, José Gaspar Rodríguez de Francia recibió las mismas influencias que sus compañeros de generación. Vale decir que ya no fue un adicto ciego de la monarquía absoluta, sino un crítico del sistema y un lector de las obras, entonces prohibidas, de los enciclopedistas y otros escritores revo1ucionarios. Su biblioteca, de la cual tenemos noticia parcial por Robertson, contenía libros de Voltaire, del abate Raynal, de Hoibach de Rousseau, la Enciclopedia y otros de similar tendencia. Algunas de las ideas del “Contrato Social” se traslucen en la correspondencia internacional de 1811 cuya redacción se atribuye a Francia.
Dos documentos son de sumo interés para arrojar luz sobre su ideología. Son ellos la nota del 20 de julio de 1811, dirigida a la Junta de Buenos Aires, de cuya orientación ya hemos dado somera noticia y el Reg1amernto de Gobierno de l813, por el cual el Paraguay se declara República Soberana. Su correspondencia de la época de la dictadura con las autoridades, subalternas no permite seguir con claridad su pensamiento, pues contiene por lo general reflexiones circunstanciales, a veces no encomiásticas para el pueblo paraguayo, y disposiciones de carácter administrativo. Mas, a través de toda ella, es posible percibir u permanente adhesión al principio de la soberanía del Paraguay.
Otra fuente de información, de conocimiento menos vulgarizado, sobre la ideología franciana es el Catecismo Político reproducido por Benítez en “La vida solitaria del Dr. José Gaspar de Francia”. El “Patrio Reformado”, su sistema de gobierno, se halla “regulado por principios sabios y justos, fundados en la naturaleza y necesidades de los hombres y en las condiciones de la sociedad”; el propio Francia “acreditó, con la experiencia que sólo se ocupa de nuestra prosperidad y bienestar”; los gravámenes son reducidos y todos deben trabajar en comunidad. En cuanto a la duración de su régimen, “Dios lo conservará en cuanto sea útil”

INSTRUCCION PÚBLICA.
Durante toda la dictadura, continuó funcionando la Escuela Central de Primeras Letras y hubo maestros que cump1ieron análoga tarea en las villas y los partidos del interior. Más, las medidas de fomento de la Junta Superior Gubernativa y sus planes de elevar el-nivel de la educación fueron abandonadas. Además, la enseñanza media y superior desapareció completamente. Clausurado el Colegio Seminario en 1823 y secularizadas las comunidades religiosas poco después, sin ninguna importación de libros u otras publicaciones, salvo los que adquiría el propio Dr. Francia. la vida cultural entró en un largo paréntesis.

LOS MAESTROS PRIVADOS.
Además de la escuela regentada por Téllez y de la labor docente de los maestros campesinos, diversas personas de regular ilustración se ganaban la vida o se ayudaban económicamente con la enseñanza.
De éstos maestros privados, el más notable fue el porteño Juan Pedro Escalada (1777-1869), que en su casa del barrio de San Roque y después en una quinta de la vega del Mburicaó (actual ubicación del Asilo Nacional) educaba y recibía en pupilaje a niños de familias acomodadas. La formación de sus alumnos era la más completa de ese tiempo y fueron ellos los únicos que pudieron seguir satisfactoriamente el curso medio de matemáticas del francés Dupuy, contratado en 153 por O. Carlos Antonio López. Por espacio de cincuenta años, Escalada fue el más acreditado maestro de la niñez.
Carlos R. Centurión menciona al maestro Mateo Vicente Fretes que tuvo una escuela elemental entre 1816 y 1824.
El P. Marco Antonio Maíz, liberado después de catorce años de cárcel, tuvo también a su cargo un grupo de educandos al que impartía enseñanza de nivel satisfactorio. Preconizado Obispo Auxiliar en 1844, falleció cuatro años más tarde.
Otros sacerdotes, ex-seminaristas y laicos ilustrados se contaron también entre los maestros privados.

BIBLIOGRAFIA
  • Efraim Cardozo, “Paraguay Independiente”
  • Rafael Eladio Velázquez, “Breve Historia de la Cultura en el Paraguay”.

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