sábado, 4 de julio de 2009

LA EPOCA DE LA INDEPENDENCIA - CULTURA

sábado, 4 de julio de 2009

  • El período revolucionario.
  • La Junta Superior Gubernativa y la cultura.
EL PERIODO REVOLUCIONARIO
El Paraguay no permaneció ajeno al gran proceso de la emancipación americana: por el contrario, desde 1811 se gobernó por sí mismo, sin reconocimiento de supremacía a poder foráneo alguno.
Podemos afirmar que el periodo revolucionario comienza con la reunión del Congreso General o Cabildo Abierto del 24 de julio de 1810, convocado por el Gobernador-Intendente D Bernardo de Velasco y Huidobro, que había seleccionado personalmente a los concurrentes al mismo. Si bien en la mencionada oportunidad se refirmó la lealtad más completa a la monarquía española y al Consejo de Regencia, que la representaba, allí quedaron definitivamente rotos los vínculos de sujeción con las autoridades radicadas en Buenos Aires, cuyo Virrey había sido depuesto dos meses antes por los patriotas porteños.
Desde ese momento, el Paraguay vivió en un verdadero y permanente estado de emergencia, a punto tal que dos cabildantes de la confianza del bando realista fueron agregados como diputados adjuntos a Velasco, para la resolución de las más importantes cuestiones de Estado.
La expedición militar organizada en Buenos Aires y comandada por Belgrano dio lugar a la movilización integral de los recursos de la provincia. Las victorias de Paraguari y Tacuarí, obtenidas exclusivamente por los criollos, ratificaron la independencia paraguaya respecto del Río de la Plata, y en los campamentos de las fuerzas vencedoras nació la conspiración que daría por tierra con el régimen español.
Producido el alzamiento de la joven oficialidad, el 14 de mayo, en Asunción, encabezado aquí por Pedro Juan Caballero y coordinado con sendos pronunciamientos de Fulgencio Yegros, en Itapúa y Candelaria, y de Blás José de Rojas Aranda, en Corrientes, ocupada entonces por tropas paraguayas, el Gobernador debió a allanarse a aceptar de nuevo dos diputados adjuntos, delegados esta vez de los patriotas, que fueron Juan Valeriano de Zevallos y Dr. José Gaspar Rodríguez, de Francia. De regreso en Asunción, el 21 de mayo, Fulgencio Yegros asumió el mando militar con carácter de Comandante General de Armas.
Del 17 al 20 de junio de 1811, deliberó un nuevo Cabildo Abierto o Congreso General, al que además de trescientos invitados de los patriotas, se incorporaron seis diputados de las villas y poblaciones principales, los más calificados dignatarios eclesiásticos y el juez-diputado del comercio. De tan espectadle asamblea, de orientación definidamente favorable a la causa patriota surgió el primer gobierno nacional del Paraguay, la Junta Superior Gubernativa, presidida por Yegros.
Otro Congreso General, reunido del 30 de septiembre al 12 de octubre de 1813, adoptó el nombre de República del Paraguay y el sello de armas, y aprobó un Reglamento de Gobierno, primera carta política del Paraguay.

LA JUNTA SUPERIOR GUBERNATIVA Y LA CULTURA
En los preparativos de la defensa contra la expedición de Belgrano, a fines de 1810, el edificio ocupado por el Real Colegio Seminario de San Carlos había sido afectado a fines militares, y sus colegiales debieron buscar alojamiento precario en locales inadecuados para ese efecto, con virtual paralización de los cursos. Por otra parte, las rentas de la institución también fueron aplicadas a las apremiantes necesidades de carácter bélico.
Las condiciones y la celeridad con que se desenvolvieron los hechos no dieron lugar a que, de inmediato, se procediera a normalizar la instrucción pública.
Tal tarea quedaría a cargo de la Junta Superior Gubernativa y ésta, sí, se preocupó de restaurar e incrementar los establecimientos de enseñanza. Se distinguió particularmente en tal empeño durante el año 1812, cuando la integraban solamente Fulgencio Yegros, Pedro Juan Caballero y Fernando de la Mora.
Documentos memorables de este período son el Manifiesto del 6 de enero de 1812, en el cual se enuncia la ideología de sus firmantes en materia de instrucción pública y su decisión de darle la importancia que le corresponde en un estado libre y civilizado, la Instrucción para el maestro de primeras letras, del 15 de febrero, y el oficio dirigido al Cabildo de Asunción, el 10 de marzo, para 1a difusión general de aquella.
El Real Colegio Seminario de San Carlos fue restablecido y funcionaría ininterrumpidamente hasta 1823. Anunció la Junta su propósito de instalar una Cátedra Superior o Facultad de Matemáticas, en cuanto se obtuviera un profesor de la materia. Igualmente, se creó una Sociedad Patriótica Literaria, con la participación personal de los propios gobernantes, para estimular la vida cultural y orientar la labor en el campo de la educación. Como ya se ha expresado, las instrucciones preparadas para el maestro de la Escuela Central de Primeras Letras fueron transmitidas al Cabildo para su general difusión entre los que ejercían la docencia en las villas y partidos del interior: Al mismo Cabildo, se le encomendaba el control de todas las escuelas primarias de la ciudad y su distrito.
En los cuarteles, se introdujo el sistema de “academia” o adiestramiento teórico y cívico de la tropa, así como también para la formación de los futuros oficiales.
Hasta en el campo de las innovaciones técnicas, se hizo sentir en esos días el impulso renovador de los hombres de la Junta: nos habla Moreno de la concesión de privilegios para el establecimiento de una línea de buques a vapor en la navegación de los ríos paraguayos, a favor de Thomas Lloyd Halsey, cuando había corrido muy corto tiempo desde el invento de Fulton.
Particular interés reviste la Instrucción para el Maestro de Escuela, ya citada, por la elevación de miras, por la inquietud patriótica que traduce, por la nobleza de los sentimientos y por la orientación que refleja en el campo educacional. Se proscriben los castigos físicos o muy frecuentes se recomienda usar de la persuasión para ganarse el maestro el apoyo de los alumnos para su labor, se exaltan las virtudes del gremio docente y su importancia para el desenvolvimiento social. El plan de estudios recibe notable impulso innovador: al lado de las nociones que de tiempo inmemorial se impartían, se recomienda la enseñanza de la Historia General y de la Americana, la formación moral y ciudadana del educando, así como también la religiosa. Gramática de acuerdo con los preceptos de la Real Academia Española Matemáticas y Geografía, completaban el cuadro general de las ciencias.
La gran cantidad de citas y referencias se menciona a Demóstenes, los Gracos, Cicerón, Hortensio, San Jerónimo, Quintiliano, el Padre Sarmiento, Hervás y Panduro, Montaigne, Locke y Rousseau nos da una idea de la cultura clásica y de las influencias ideológicas que recibían D. Fernando de la Mora, presumible redactor del documento, y sus compañeros de gobierno.
Anunciaba la Junta haber encargado la compra en Buenos Aires de libros de Locke, Rousseau y otros autores, para orientación y preparación de los maestros. Aludiendo a los resultados que esperaba de la ejecución de sus planes; terminaba diciendo: “Así el Paraguay será un semillero y Areópago de las ciencias, y sus naturales, que tienen las dotes más adecuadas, las adquirirán; en toda perfección”.
Manuel Domínguez, que enalteció, la acción, de la Junta presidida por Yegros, nos dice: “A poco que se reflexione, se concluye, que si el gobierno que desarrollaba tan grandioso programa en la aurora de nuestra emancipación política, hubiera durado, el Paraguay de un salto se hubiera colocado por encima de sus hermanos”.
Examinado por el Cabildo en lectura, caligrafía, las cuatro operaciones fundamentales, regla de tres y doctrina cristiana, fue confirmado para regentar la Escuela Central de Primeras Letras el ciudadano José Gabriel Téllez que se desempeñaba en tal función desde el gobierno de Ribera y al cual, ya en tiempo de D. Carlos Antonio López sucedería Antonio Quintana.
En la Sociedad Patriótica Literaria, de corta duración trabajaron con entusiasmo, el Dr Zavala y Juan Andrés Gelly.
Las plausibles iniciativas de la Junta Superior Gubernativa no llegaron a llevarse todas a la práctica y otras cayeron a los pocos años en desuso de modo que la enseñanza volvió a presentar características generales de la época colonial. Tal situación se agravó con la clausura del Colegio Seminario producida en 1823, y con la muy poco posterior extinción de las comunidades religiosas, que determinó la desaparición de las cátedras que en ellas había.

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