lunes, 27 de septiembre de 2010

La Constitución de 1940.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Se busca normalizar al país
Después de la liquidación definitiva del pleito del Chaco volvieron a aflorar las inquietudes políticas y sociales creadas por la guerra. El pensamiento dominante era normalizar la vida del país restaurando sus antiguas instituciones, para obtener, mediante ellas, la satisfacción de los nuevos anhelos populares. El fracaso de la experiencia Franco reanimó la fe en aquellas. Convocado el pueblo a elecciones para constituir un nuevo Parlamento, inexistente desde el 17 de febrero de 1936, solamente el Partido Liberal se presentó a los comicios, negándose a hacerlo el Partido Colorado. El congreso quedó constituido el 10 de octubre de 1938 y su primer acto fue confirmar al doctor Félix Paiva en la Presidencia. Paiva firmó un nuevo Gabinete sobre la base de un acuerdo entre el Parlamento Liberal y el Ejército, entrando a integrarlo algunos miembros de aquella agrupación. A pesar de todo, el malestar político crecía, intensificado por la intromisión constante del Ejército en la orientación gubernativa. En el Partido Liberal se operaba un importante movimiento, cuya finalidad era poner a ese partido en condiciones de captar y ejecutar los nuevos ideales nacionales. Un grupo de políticos, agrupados en torno del diario El Tiempo, iniciaron a la vez una campaña antiliberal proclamando el fracaso de las instituciones del 70. La prédica encontró ambiente en sectores del Ejército, donde se renovó la tendencia autoritaria y comenzaron a manifestarse opiniones disconformes con la política de colaboración iniciada el 13 de agosto de 1937.

Presidencia del general Estigarribia
Ante el creciente malestar político social, los sectores buscaron la solución de las dificultades en la elevación del general Estigarribia a la Presidencia de la República. Se consideraba que su gran autoridad nacional bastaría para salvar la peligrosa crisis que anunciaba el fermento de tantos factores de descomposición. Estigarribia aceptó su candidatura, a condición de que su ascensión al poder se hiciera por los resortes democráticos y no como resultado de una decisión del Ejército como pretendían los directores militares. La Convención del Partido Liberal proclamó, por unanimidad, su candidatura presidencial, y el 4 de marzo de 1939 fue votado como candidato único en todo el país. Estigarribia regresó a Washington, donde firmó diversos convenios de cooperación financiera y económica, siendo ya presidente electo, y a su paso, en viaje al Paraguay, por Río de Janeiro y Buenos Aires, también fueron subscritos diversos tratados de vinculación comercial e intelectual. El 15 de agosto de 1939 Estigarribia asumió el mando, constituyendo un Gabinete liberal con un militar como ministro del Interior.

Solución del pleito del Pilcomayo
Entre los convenios firmados en Buenos Aires en ocasión de la visita del presidente Estigarribia, figuró el Tratado que puso término al pleito que se había suscitado entre el Paraguay y la Argentina a propósito de la determinación del brazo principal del Pilcomayo. El problema se había complicado por la profunda penetración argentina y por la desaparición de todo cauce en largo trecho. El Tratado consideró diversas situaciones creadas por las características del Pilcomayo. Desde su desembocadura en el Paraguay, al frente de Lambaré, hasta la Junta de Fontana, la Frontera seguía el curso del Pilcomayo, en ese trecho nunca discutido. Desde la Junta de Fontana se adoptaba, de acuerdo con el informe de 1909, el brazo Sur, hasta su nacimiento en el punto denominado Salto Palmar. Desde Esmeralda, límite con Bolivia, la frontera seguía el curso del Pilcomayo, también indiscutido, con la primera sección hasta el punto denominado Horqueta. La controversia quedó radicada en el sector comprendido entre Horqueta y Salto Palmar, y para determinar la frontera entre estos dos puntos, los Gobiernos resolvían atenerse al informe de una Comisión Mixta que se constituía especialmente para estudiar la zona comprendida entre esos dos puntos, fortín Caracoles al Norte y fortín Salazar al Sur. Ambos países se comprometieron a desalojar las guarniciones militares establecidas en una zona, que era precisamente donde se había esperado los avances argentinos, y la dividían en dos sectores, mediante una línea que iba a Salazar a Tifunke, a los efectos de policía, correspondiendo la vigilancia paraguaya al este de dicha línea y la argentina al oeste.

Es derogada la Constitución de 1870
Al mismo tiempo que se iniciaba la construcción de la más importante obra vial realizada en la República, el camino de Asunción a Villa Rica, Estigarribia procuraba el restablecimiento completo del régimen institucional creado por la Constitución de 1870 y que desde la guerra del Chaco estaba eclipsado. Gestionó el retorno de la oposición al Parlamento, restableció la libertad de prensa y garantizó las actividades políticas, pero subsistían poderosos los factores de la anarquía. El Partido Colorado rehuyó su colaboración parlamentaria. La prensa de la oposición aprovechó la libertad de que gozaba para desatar una furiosa campaña contra la democracia y la Constitución del 70. Pese a la gran autoridad moral de Estigarribia, en el Ejército se acentuaba la tendencia contraria a su política, y se notaba en todas partes inquietantes síntomas de descomposición social. El Parlamento se reunió el 16 de febrero de 1940 y después de declarar que había llegado el momento de proceder a la revisión total de la Constitución de 1870, procedió a su autodisolución mediante la renuncia colectiva de sus miembros.
El 18, Estigarribia asumió la plenitud de los poderes políticos del Gobierno y derogó la Constitución del 70, estableciendo una tregua en las actividades políticas. Constituyó un Gabinete con hombres de todos los sectores políticos, pero sin representación partidista, confiando la cartera principal a Alejandro Martín Iglesias, y en una proclama el pueblo explicó los motivos de su grave resolución, diciendo que, después de ímprobos esfuerzos para hacer efectivo el ideal constitucional, confesaba que la perturbación política, en vez de aquietarse, aumentaba degenerar en anarquía social y que “los arbitrios constitucionales son imponentes para salvar la paz de la Nación”. Y agregó: “La democracia individualista de 1870 ha cumplido su misión al formar el ciudadano consciente y libre que en la guerra del Chaco alcanzó la victoria. La dramática crisis que atravesamos muestra que sus preceptos reclaman una readaptación. La democracia debe dejar de ser exclusivamente política para ser también económica y social”. En consecuencia anunció que, de acuerdo con la resolución del Congreso, convocaría a una Convención Nacional para dictar una Constitución “que responda a sus necesidades y a su ideal democrático”.

El Estatuto Agrario
El nuevo régimen comenzó para atacar el problema agrario, que tan hondamente afectaba la tranquilidad social del país y que estaba irresuelto a pesar de las tentativas de reformas de 1903, 1925 y 1936. Eligio Ayala había declarado que todas las leyes dictadas, todo el dinero gastado y los afanes puestos al servicios de esta noble causa habían sido estériles. Y diez años después Eusebio Ayala confesaba que el problema continuaba siendo “grave y urgente”. La inviolabilidad del derecho de propiedad, consagrada por la Constitución de 1870, fue el principal obstáculo para la solución integral del problema, y ésta no podía constituir en la repartición de tierras baldías, como lo hicieron las anteriores reformas, sino en asegurar a cada hogar paraguayo la propiedad del pedazo de tierra en que habitaba. El 29 de febrero Estigarribia sancionó el Estatuto Agrario, de que fue el presidente del Departamento de Tierras, Carlos A. Pastore, y que ya había sido aprobado por la Cámara de Diputados anteriormente. Se estableció en su artículo 1° que la reforma agraria sería inspirada en la “afirmación del dominio eminente del Estado sobre el suelo de todo el territorio nacional, en el concepto de que la tierra es el instrumento de una función social y en el principio de que todo hogar paraguayo debe estar asentado sobre un pedazo de tierra propio que le produzca lo necesario para la vida”. El nuevo Estatuto consideró susceptible de expropiación, para su aplicación a la reforma agraria, todas las tierras aptas para la explotación agropecuaria y la colonización que no fueran explotadas relacionalmente por sus propietarios, de las que fueran ocupadas por núcleos mayores de veinte personas y las que fueran abandonadas por sus dueños residentes en el extranjero: Se consagró el principio de la indemnización a los propietarios expropiados y se introdujeron reformas en el régimen sucesorio para la paulatina desamortización de los latifundios que no estuvieran afectados por la reforma. También se estableció un sistema para arraigar las pequeñas propiedades poniéndolas a cubierto de las mudanzas económicas que pidieran hacer apeligrar su estabilidad.

La nueva Constitución de 1940
El Gobierno encaró a una Comisión presidida por Cecilio Báez la redacción del anteproyecto de Constitución, pero la negativa de algunos partidos políticos a colaborar en sus trabajos y el hecho de que el país no estuviera en condiciones normales electorales, así como la necesidad de contar con un Estatuto político, movieron al general Estigarribia, el 10 de julio de 1940, a sancionar una Constitución, redactada por él, Pablo Justo Pastor Benítez y M. Insbrán y que fue sometido a un veredicto popular. Estigarribia explicó al pueblo los motivos de la reforma, que se “refiere mas a la organización que al contenido: seguiremos siendo una República democrática y representativa, de conformidad con nuestra verdadera tradición. La reforma no se endereza a la creación de un Estado totalitario, sino más bien a un perfeccionamiento del régimen democrático, puesto que por ella la soberanía sigue residiendo esencialmente en el pueblo, de cuyo voto deben emanar las autoridades. Se respetan los derechos individuales dentro del conjunto social y se vela por la dignidad del hombre sin sacrificarlos en aras de concepciones absolutistas”. Por la nueva Constitución se fortalecieron los poderes del presidente de la República, a quien, además de las atribuciones establecidas en 1870, se le facultaba para disolver el Parlamento y dictar decretos-leyes. Se creaba un Consejo de Estado, asesor del Poder Ejecutivo. El Poder Legislativo estaría a cargo de una Cámara de Representantes, y se aseguraba la independencia del Poder Judicial. Los derechos y garantías individuales eran mantenidos, con limitaciones encaminadas a impedir que los intereses privados dominasen sobre el “interés general de la Nación Paraguaya”. Se declaraba que las libertades garantizadas eran todas de “carácter social”. Quedaba proscrita la explotación del hombre por el hombre. Se estipulaba que el Estado regularía la vida económica nacional. Se garantizaba la propiedad privada, debiendo ser fijados su contenido y límites de acuerdo con su “función social”. Se establecía la obligación del trabajo lícito. La ciudadanía estaba obligada perentoriamente a ejercer su derecho electoral, que quedaba plenamente garantizado. La abstención electoral implicaba la pérdida de ciudadanía activa.

Estigarribia muere trágicamente
El plebiscito popular aprobó el 4 de agosto de 1940 la nueva Constitución por más de 170.000 votos, cifra nunca alcanzada en ninguna votación en el Paraguay. El 15 de agosto la Constitución fue solemnemente jurada en toda la República. El Paraguay entraba con paso firme y resuelto en la nueva etapa de su vida. Pero no contaba con la fatalidad. El 7 de septiembre de 1940, Estigarribia pereció en un accidente de aviación, cerca de Altos, justamente con su esposa. La Nación lo lloró como a su más esclarecido hijo, héroe del Chaco, autor de su paz externa y fundador de sus nuevas instituciones. El presidente provisional debía ser elegido por la Asamblea Nacional, integrada por la Cámara de Representantes y el Consejo de Estado, pero estos dos organismos aun no habían sido constituidos. En su defecto, el Consejo de Ministros designó presidente provisional al ministro de Guerra y Marina, general Higinio Morínigo.

Morínigo prorroga su mandato
Hasta 1948. – No tardó Morínigo en rectificar los rumbos políticos de su antecesor. Los colaboradores liberales de Estigarribia fueron apresados, desterrados o recluidos en campos de concentración, y comenzó una sañuda persecución contra el Partido Liberal, que fue disuelto por decreto. El Partido Colorado ofreció su cooperación, pero Morínigo prefirió el apoyo del “Movimiento Nacionalista Revolucionaria”, conjunción de “franquistas” y “tiempistas” organizada a fines de 1939. El coronel Rafael Franco negó su concurso a Morínigo y los “franquistas” intentaron un golpe militar: el “Movimiento Nacional Revolucionario” se disgregó. Solos los “tiempistas” en el poder, procuraron organizarse políticamente, aunque sin miras electorales inmediatas. La elección del nuevo presidente se prorrogó para 1943; la Cámara de Representantes no fue constituída, y el Gobierno declaró que “la democracia exclusivamente electoralista a un pueblo aun no educado para el voto consciente y libre en una farsa”. Se proclamó que el “orden, la disciplina y jerarquía” eran las nuevas normas reguladoras de la convivencia y se crearon tribunales de defensa del Estado, capacitados para aplicar la sentencia y muerte a los delitos políticos según “la íntima convicción de los jueces”. Con todo, el “tiempismo” no pudo agrupar en su torno a las masas y renunció a sus pretensiones de organizarse políticamente. Efectuada bajo su égida la “votación” de presidente para el periodo 1943-48, se excluyó expresamente “la intermediación de los llamados partidos políticos” y a fin de “no provocar la división de la familia paraguaya ni agitar a la opinión pública” fue prohibida todo propaganda electoral, como también la proclamación de candidaturas. En estas condiciones Morínigo fue reelegido para el nuevo periodo presidencial.

El Paraguay declara la guerra al Eje
Las inclinaciones derechistas de los hombres que rodean a Morínigo le llevaron en un principio a adoptar una posición de simpatía hacia la causa del Eje en la segunda guerra mundial. Producida la gestión de Pearl Harbour, Morínigo se lamentó de que la “psicosis bélica hubiese invadido el Continente” y el canciller Argaña, en viaje a Río de Janeiro donde los países americanos debían concertar su política, insinuó la conveniencia de una acción común en solidaridad con la Argentina, partidaria del mantenimiento de la neutralidad continental. No obstante, el Paraguay subscribió las conclusiones de la conferencia de Río de Janeiro, y en 28 de enero de 1942 rompió relaciones con el Eje. Esta actitud le valió el importante apoyo financiero y político del Gobierno de los Estados Unidos, lo cual le permitió emprender diversas obras públicas y aquietar descontentos en el Ejército, donde abundaban los partidarios del Eje. Invitado a visitar Washington, fue agasajado por el presidente Roosevelt y la Cámara de Representantes le dedicó una sesión especial. La Universidad de Fordham le confirió el título de doctor en Derecho “honoris causa” y Morínigo recibió numerosos otros homenajes. Con todo, las organizaciones “nazis” continuaron funcionando libremente en el Paraguay, “con su propio gobierno, con su propia milicia, sus propias escuelas, su propio tesoro y sus principios tribunales”, según el embajador norteamericano en Asunción. Por imposición de los militares, el “tiempismo” fue desalojado del Gabinete, acusado de excesivas complacencias con los aliados. Tan seguros se encontraron entonces los “nazis”, que cuando los diplomáticos de Alemania tuvieron que retirarse del país, dos años después de la ruptura y a insistentes reclamaciones de los Estados Unidos, los representantes “nazis” que quedaron “ni siquiera se tomaron la molestia de destruir la prueba de su culpabilidad”, según el diplomático norteamericano. No obstante, la cooperación financiera de Estados Unidos, antes que decrecer, se multiplicó, hasta que finalmente, el 8 de febrero de 1945, el Paraguay declaró la guerra a las potencias del Eje.

Se forma el Gabinete colorado-franquista
Desaparecido el “tiempismo” de la escena política, Morínigo gobernó con Gabinetes militares y apolíticos y acentuó su aversión a los partidos. En diciembre de 1944, numerosos intelectuales, encabezados por el Rector de la Universidad, pidieron la convocatoria de una Asamblea constituyente y libertad de organización de los partidos políticos. El Rector fue destituido y encarcelados o desterrados los peticionarios, y Morínigo en su proclama de Navidad, reiteró su opinión de que “las asociaciones políticas no son organismos indispensables para hacer la democracia”, y sólo “sindicatos formados para conquistar el poder y explotarlo en su exclusivo beneficio”. A poco, la victoria de las Naciones unidas vino a debilitar considerablemente esta posición antidemocrática y Morínigo comenzó a buscar apoyo de una fracción del Partido Colorado. El 9 de junio de 1946 hubo un levantamiento militar que Morínigo conjuró sacrificando al comandante Benítez Vera, hasta entonces su principal sostén y a quien presentó como único responsable de la política filonazista. Se formó un Gabinete de coalición colorado-franquista y se dijo que Morínigo era “un dictador prisionero de un Gabinete democrático”. Levantadas las medidas represivas contra los partidos políticos, el retorno de los directores liberales del exilio motivó una grandiosa demostración popular, que aunque atacada por adictos del Gobierno y disuelta a balazos, demostró que la tradicional agrupación conservaba su poderío. El Partido Colorado también desplegó sus fuerzas y el “franquismo”, que definitivamente adoptó el título de Concentración Revolucionaria Febrerista, participó con igual entusiasmo en este renacimiento de la vida cívica. Durante un tiempo, que se prolongó desde julio de 1945 a enero de 1946, el Paraguay vivió la ilusión de que se encauzaba definitivamente hacia el restablecimiento de sus libertades. Se anunció que la Asamblea Nacional Constituyente, anhelo en que coincidían todos los sectores políticos, se reuniría el 25 de diciembre de 1947.

Fracasa un movimiento revolucionario
La armonía de las fuerzas integrantes de la coalición oficial no se asentaba sobre cimientos sólidos. Morínigo aprovechó las discordias que pronto surgieron entre colorados y febreristas para convertirse en el árbitro de la situación. Pudo así inclinarse a favor de los primeros y con su apoyo, el 17 de enero de 1947, mediante un golpe de estado, desalojó a los febreristas del gobierno. Al mismo tiempo se reanudaron las persecuciones contra el Partido Liberal, cuyo director fue apresado y procesado. La tensión política hizo crisis cuando el 7 de marzo hubo una intentona de asalto del Departamento de Policía de Asunción. Al día siguiente la guarnición militar de Concepción se pronunció contra el Gobierno y poco después se le unían las tropas del Chaco. Una Junta de Gobierno, presidida por el teniente coronel Fabián Saldívar Villagra, anunció un programa de restauración institucional y democrática. El Partido Liberal y la Concentración Revolucionaria Febrerista olvidaron sus agravios para prestar apoyo al movimiento, pero la intervención del Partido Comunista suscitó inquietudes internacionales que influyeron en la actitud de algunos Gobiernos americanos con respecto de Morínigo. Los cañoneros “Paraguay” y “Humaitá”, que estaban en el Río de la Plata, se unieron a la revolución, y ésta pareció a un paso del triunfo cuando el 19 de agosto de 1947 sus fuerzas se desprendieron de Concepción, y dejando incomunicadas a las tropas gubernistas, marcharon sobre Asunción. Con todo, la capital no pudo ser conquistada y los revolucionarios se dispersaron, internándose la mayoría de ellos en territorio argentino.

Deposición del general Morínigo
Al triunfo del Gobierno siguieron severas represiones y trágicas represalias en todo el país. El venerable Arzobispo de Asunción, monseñor Juan Sinforiano Bogarín, que acababa de cumplir el cincuentenario de su actuación episcopal, anatematizó los desmanes contra los opositores. “En los largos de vida que el señor nos concede – dijo en una Pastoral – nunca hemos presenciado hechos semejantes, los que de toda varas condenamos”. Procesados en ausencia los dirigentes de la oposición sus bienes fueron embargados, y solamente al Partido Colorado se le permitió desarrollar actividad política. Cercana la expiración del mandato presidencial, se dibujaron dentro del coloradismo dos tendencias que se disputaron el predominio. El sector denominado “Guión Rojo”, que contaba con el apoyo de Morínigo, logró imponerse, y aunque violentada a la Convención partidaria, obtuvo la proclamación del señor Natalicio González como candidato presidencial. El Directorio colorado, que sostenía otra candidatura, fue disuelto y sus principales componentes expulsados del país. Las persecuciones se extendieron entonces a los disidentes colorados llamados “democráticos”, los cuales desconocieron la candidatura del señor González. Con todo, éste triunfó en las elecciones efectuadas el 14 de febrero de 1948 sin la concurrencia de la oposición. A poco cundió en el seno del coloradismo la sospecha de que Morínigo, no entregaría el poder, por lo cual fue depuesto el 3 de junio de 1948 por un movimiento del Ejército, donde, desde la revolución, predominaban los militares colorados. Designado presidente provisorio el doctor Juan Manuel Frutos, procuró, sin éxito, la unificación del coloradismo, y el 15 de agosto de 1948 entregó las insignias del mando al señor Natalicio González, con lo cual se consumó el retorno del Partido Colorado al poder, del cual había sido expulsado cuarenta y cuatro años antes.

Bibliografia: Efraím Cardozo "Paraguay Independiente"

3 comentarios:

Bunkerwaiss dijo...

Como hago para contactarme con el autor del blog?
Ya me he suscripto a la lista de amigos.

Ariel dijo...

Que tal, puedes revisar mi perfil de Blogger, tiene los datos necesario para el contacto...

Ariel dijo...

También por corrego ariel.maci @ gmail .com, gracias por el comentario...

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