martes, 30 de junio de 2009

ULTIMOS DIAS COLONIALES EN EL PARAGUAY - Las ideas del siglo XVIII. Su difusión en España y América.

LAS IDEAS DEL SIGLO XVIII
Durante el siglo XVIII, se produce una notable transformación en las concepciones políticas y económicas. Encuentra ella sus realces en las innovaciones culturales del Renacimiento, en la pugna religiosa de la Reforma y la Contrarreforma, en la natural evolución de las instituciones de la monarquía absoluta, en los sistemas económicos de la centuria anterior y en las mayores facilidades para la difusión cultural.
Filósofos y humanistas, desde trescientos años antes, habían allanado el camino para que se pudiera discurrir con mayor libertad. La concentración de poder en manos de los reyes y la formación de una burocracia procedente de la clase media y de oficialidad profesional en los cuerpos armados, disminuían acentuadamente la influencia política de la nobleza en la mayor parte de los estados occidentales. Por otra parte, los notorios defectos del sistema absolutista y la conservación de los privilegios de una clase noble que se iba haciendo más parásita que directiva, llevaban a moralistas y pensadores políticos a buscar a los problemas sociales soluciones más justas y eficaces. Colbert y los demás mercantilistas, al interpretar la realidad económica y trazar normas en ese orden, realzaban la importancia de la cuestión social. Y estas transformaciones, merced a la difusión del material impreso, al mejoramiento de los medios de comunicación y a la elevación cultural de la clase media, llegaban a conocimiento de un número cada vez más crecido de personas.
Todo, en síntesis, se conjuga para que sea el XVIII un siglo de replanteamiento de los problemas políticos, sociales económicos, y aun de los conceptos morales.
De tal manera, a comienzos de esa centuria y nacida en el seno de la corte francesa, se divulga la Fisiocracia, sistema que entre otras cosas sostiene el principio de la libertad económica. En la filosofía y en el pensamiento político, toma forma la Ilustración, El ejemplo de las revoluciones inglesas del siglo XVII y las ideas de Locke, expresadas en su “Ensayo sobre el gobierno civil”, se conocen en el continente a través de los escritos de Montesquieu autor de “El espíritu de las leyes”, y de Voltaire, en sus “Cartas de Inglaterra”. Este último, entre sus muchas empresas intelectuales, acomete la de combatir la intolerancia religiosa de los tribunales de Tolosa (procesos de Sirvent y de Calas). D’Alernbert y Diderot tienen a su cargo principal la elaboración de la “Enciclopedia”, suma y síntesis del pensamiento filosófico y político y del estado de la ciencias de ese tiempo, que se publica por entregas sucesivas entre 1751 y’ 1772. Pero la obra de mayor influencia en el desarrollo de las ideas políticas es “Del contrato social”, del ginebrino Juan Jacobo Rousseau, aparecido en 1762.
No todos los mencionados escritores, sin embargo, deben ser considerados como abogados del sistema democrático representativo, que algunos de ellos no postularon, pero, sí, como sus precursores doctrinarios.
Como resultado de las especulaciones y debates de ese siglo, aunque ellos no trasciendan del campo académico, en el orden ideológico el principio de la soberanía de los reyes va siendo sustituido por el de la soberanía popular, y la doctrina de la monarquía absoluta cede paso a la de la representación democrática, con separación de poderes. El primer instrumento legal que incorpora al derecho positivo estos ideales, hoy esenciales de todo gobierno occidental, es la Constitución de los Estados Unidos, de 1787.
Las nuevas ideas, siquiera parcialmente hallan también eco en algunos reyes europeos, que no por eso declinan su poder. De este modo y con grandes reservas las aceptan Carlos III de España, Federico II de Prusia y el Emperador José II, entre otros, que por ello son conocidos como “déspotas ilustrados”.

SU DIFUSION EN ESPAÑA Y AMÉRICA.
A partir del advenimiento de la casa de Borbón al trono español, que se produce en 1700 y se consolida en 1713, con la Paz de Utrecht, las ideas francesas adquieren importancia creciente entre las clases cultas de la península.
“La España de los Autrias y de la Contrarreforma ha terminado. Las negras ropillas de la corte madrileña son sustituidas por las brillantes vestiduras de Versalles. La política de aislamiento de Europa termina también. Dos grandes reyes, Felipe V (1701-1746) y Carlos’ III (1759-1788) personifican el siglo y hacen todo lo posible por colocar el arte y la cultura española al compás de las corrientes intelectuales de Europa”.
El reinado de Carlos III marca el apogeo de estas influencias. Los planteamientos fisiocráticos, y después, los del Liberalismo económico, son aceptados por los directores de la política española. Las concepciones de la Ilustración animan a los Condes de Aranda, de Floridablanca y de Campomanes, los principales ministros del mencionado monarca, y la administración peninsular y americana se perfecciona con el establecimiento de nuevos Virreinatos, la implantación del régimen de las Intendencias y otras reformas. La apertura de los puertos americanos al comercio internacional y diversas medidas de fomento económico completan el cuadro general de transformaciones del tiempo de Carlos III.
Las ciencias reciben nuevo impulso. Las Universidades son reformadas en sus planes y en sus métodos, y se estimula a otras instituciones culturales y científicas. Hasta en el orden idiomático, la labor de la Real Academia Española, fundada en 1714 por Felipe V, comienza dejar percibir sus resultados.
Además de los físicos, cosmógrafos y naturalistas, como Jorge Juan, Antonio de Ulloa, Azara, Cavanilas y Mutis, las nuevas ideas hallan destacados impulsores en el ya citado Campomanes, autor de estudios económicos, en los Padres Feijóo e Isla, que comparten las ansias de renovación, y en el publicista y pensador Gaspar Melchor de Jovellanos. El dominico gallego Fray Benito Jerónimo Feijóo sostiene que los conocimientos deben basarse en la razón o en la experiencia y divulga las novedades de su tiempo en su muy informado Teatro crítico universal”, que e publica de 1726 a 1739. El P. José Francisco Isla, jesuita, que morirá en el exilio después de la expulsión de la Compañía de los dominios españoles, ataca las exageraciones del culteranismo en “Fray Gerundio de las Campazas”, libro satírico que le da celebridad, y traduce obras literarias francesas. Pero el varón más representativo de las nuevas corrientes es el ya mencionado Jovellanos 1744-1815), autor de un “Informe sobre la ley agraria” y de diversos ensayos y comentarios de contenido político y social.
Los grandes medios de expansión de las corrientes ideológicas del siglo son las “Sociedades Económicas de Amigos del País”, que con el patrocinio de Carlos III y de sus ministros, se establecen en las ciudades españolas.
América, aunque más tarde y de modo más atenuado, también recibe esos influjos. Hacia 1760, el peruano Pablo de Olavide había sido uno de los principales ejecutores de los planes de fomento de Carlos III. Los autores franceses, en ediciones originales y en traducciones, comienzan a ser conocidos en las universidades americanas, por cuyos claustros circulan de manera subrepticia. La acción del precursor Francisco de Miranda y la traducción de la “Declaración de los derechos del hombre”, hecha por el neogranadino Antonio Nariño, dejan su impronta en la mentalidad de las generaciones jóvenes del continente, impresionadas también por las novedades doctrinarias e institucionales de los Estados, Unidos.
Incluso al Paraguay, ya sobre el filo del 1800, llegan estas ideas. Francia, los hermanos Valdovinos, Bogarín y otros graduados de Córdoba tienen noticia de las mismas, así como también Mariano Antonio Molas, formado en Buenos Aires, en el bufete del patricio .Juan José Castelli. En 1812, la Junta Superior Gubernativa, integrada entonces por Yegros, Caballero y Mora, recomienda los maestros de escuela la lectura de Locke y Rousseau.
LAS TRANSFORMACIONES DEL PERIODO BORBONICO
Los Bombones trajeron a su nuevo reino los principios y prácticas esenciales de la administración francesa, que tenían ya más de un siglo de aplicación en su patria de origen La organización fue simplificada y los procedimientos, aparentemente al menos, agilizados. Los Consejos de tiempos de los Austrias, lentos en la tramitación de los asuntos aun más banales, sin desaparecer, ceden atribuciones a las Secretarias de Despacho, unipersonales y más expeditivas. Cae en desuso la práctica, hasta entonces tan generalizada, de la venta de los cargos públicos. Se va extinguiendo, aunque en el Paraguay no tan acentuadamente, el sistema de las encomiendas se da impulso al comercio y a la navegación, y en general, se busca imprimir mayor eficiencia a todos los órdenes de la administración.
Las autoridades coloniales radicadas en América también sufren la influencia de las nuevas tendencias de la Corte. Desde los primeros años, se busca designar para estos cargos a funcionarios de confianza, capaces, sin dar lugar a vacancias e interinatos más o menos largos. En el Paraguay, comienza la serie de los gobernadores de nuevo estilo con D. Rafael de la Moneda, a partir de 1740, y en la Cuenca del Plata, en nuestra opinión, con los casi veinte años de gestión de Bruno Mauricio de Zabala.
“Los virreinatos asentados en indias aumentan de dos a cuatro, con el establecimiento de los dé Santa Fe de Bogotá y Buenos Aires. En el último tercio del siglo, se generaliza el régimen de las Intendencias y las autoridades políticas se ven secundadas por los Tenientes Asesores Letrados, antes des conocidos en el Paraguay.
Se presta especial interés a la promoción de la vida económica, Carlos III dispone la apertura de varios puertos al comercio y a la navegación. Como consecuencia de ello, crece la emigración de españoles hacia estas tierras. Distintos de los pasajeros del siglo XVI, que habían sido soldados y conquistadores, los de ahora son hombres de negocios artesanos, labrado-res y en general, gente de trabajo, de miras menos altruistas, pero de mayor efectividad económica.
Todas estas transformaciones coinciden cronológicamente con el desarrollo de nuevas concepciones políticas en el rento del mundo, las cuales, si bien todavía limitadas al libro y al debate académico, muy pronto han de hacerse sentir en el campo de los hechos, destruyendo las bases de la monarquía absoluta. En el orden económico, también por entonces y comenzando en Inglaterra, para extenderse más tarde al resto del orbe civilizado, se produce ese conjunto de hechos nuevos que generalmente se conoce con el nombre de Revolución Industrial, que altera los usos y costumbres, las relaciones labora1es y los métodos de producción, rompe los moldes del mercantilismo y del antiguo artesanado corporativo, y multiplica la oferta de artículos manufacturados.

BIBLIOGRAFIA.
  • Manuel Domínguez, “Conferencia sobre la Historia de la Instrucción Pública”.
  • Efraim Cardozo, “Historiografía Paraguaya”.
  • Rafael Eladio Velásquez, “Breve Historia de la Cultura en el Paraguay”.

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