martes, 26 de mayo de 2009

SOCIEDAD Y CULTURA MATERIAL DE LOS GUARANÍES

Los guaraníes vivían de la agricultura, complementada con los productos de la caza, de la pesca y de la recolección de especie silvestres. Sus métodos de producción eran primitivos, pues carecían de implementos de labranza y de bestias de tiro.
Cultivaban principalmente maíz, mandioca, batata y algodón, por el sistema de “rozar” el monte, y para la siembra se valían de una estaca aguzada a fuego o yvyrá-jhacuá. No tenían animales domésticos, salvo loros, monos y otras especies ornamentales o de solaz.
Hilaban y tejían el algodón, dominaban la cestería y la alfarería, y aunque en su vocabulario había términos para designar algunos metales, no llegaron a utilizarlos.
Sin medios de transporte, los guaraníes transitaban a pie por estrechas sendas de los bosques. Para las comunicaciones, se valían de veloces correos o parejharas.
Entre los guaraníes, los lazos del parentesco inmediatos eran respetados y la familia podía ser polígama, si los medios de subsistencia lo permitían. Respetaban a los ancianos y rechazaban el incesto, el adulterio y el aborto.
“Interesante resulta la división de las edades: hasta los quince años, mitá con sus subdivisiones, (de) 1 a 7 …., de 7 a 15 mitá; de 15 a 25 es mitá-cariay o mitá-rusú, y cariay después de los 25 ; a los 45 es un tuyá, un anciano, no en el sentido de la decrepitud, sino de la vigencia plena del juicio. No servían cauy (bebida alcohólica) a los que no habían llegado a la pubertad”.
“La mujer es mitá-cuña, mitá-cuña-rusú, cuñataí y guaimí; niña, moza, mujer, anciana, pagando esta última un tributa a la aparición de la menopausia”.
Dentro de la tribu, podían distinguirse diversos clones o grupos familiares, aunque no parecen haber revestido necesariamente al carácter de totémicos.
Sus poblaciones o tolderias no eran de estabilidad definitiva, pues por determinadas causas – fallecimiento de un jefe o hechicero, epidemia, proximidad de enemigo o agotamiento del suelo – se producían migraciones. Más por lo general su nomadismo era relativo, limitado a un radio no muy extenso. Conservaban habitualmente con gran cuidado sus cementerios, los cuales no solían cambiar de emplazamiento con motivo de las referidas mudanzas y constituían, así, verdaderos títulos que acreditaban la posesión de las tierras y de los circundantes. Los sistemas de inhumación variaban según la época y el lugar, pero en la comarca asunceña era frecuentemente el uso de ánforas o urnas de barro cocido.
Sin embargo de lo que acabamos de expresar, en determinadas épocas se han hecho sentir fuertes impulsos migratorios entre los guaraníes: hemos hablado ya de los viajes colectivo desde el litoral atlántico hasta la falda de los Andes, a través del Chaco, y hay otra noticia de otros desplazamientos de comunidades selváticas del Alto Paraná, hacia el Este, a regiones entonces incultas de la Argentina y el Brasil, a fines del siglo pasado.
Un sentido de solidaridad unía a los guaraníes frente a las parcialidades ajenas al grupo, y se podían pactar alianzas o confederaciones circunstanciales para fines defensivos o para empresas de caza. No obstante, tales acuerdos eran de vigencia limitada en cuanto al territorio y a su duración. Nunca llegó a concretarse una organización estable equivalente al Estado Nacional.
En caso de guerra, los ancianos de la tribu elegían a un guerrero distinguido, el mburuvichá, para conducirlos. Fuera de estas circunstancias, el gobierno era muy simple y los problemas se resolvían por deliberación de los hombres de más edad y cabezas de familias o clones. Sin embargo, los españoles encontraron en casi todos los casos caciques permanentes. La institución del cacicazgo, incorporado al sistema colonial español con autoridad más nominal que efectiva, subsistía en 1811 y fue extinguida en 1848, al decretarse la supresión de las comunidades indígenas en cumplimiento de una ley de 1842.
Sus armas eran la macana o maza de madera, el arco y las flechas, comunes también a los pueblos pámpidos del Chaco, de los cuales los guaraníes se diferenciaban por el uso de flechas incendiarias.
Los guaraníes vivían prácticamente en el Neolítico porque además de desconocer el uso de los metales, su vivienda, sus útiles de labranza, sus armas y su organización social correspondían a ese estrato cultural.

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