viernes, 29 de mayo de 2009

CREENCIAS DE LOS GUARANÍES.

Los guaraníes practicaban un culto censillo, de las fuerzas naturales. Los hechiceros o payé gozaban de considerable influencia y en algunos casos llegaban a ejercer el mando. Sus tradiciones les recordaban un origen común con los tupíes del Brasil, téngase presente la leyenda de los hermanos Tupí y Guaraní que disputaron por la tenencia de un papagayo y se separaron, demostración de que se conocía el parentesco de ambos pueblos.
Tupá. dios del trueno, cuyo nombre fue incorporado al vocabulario de los misioneros católicos, parece haber sido la divinidad principal, con su antagonista Mba’e-pochy o Añá, el espíritu maligno.
Creían, además, en genios de la Naturaleza, los Pora, tales como Y-pora, de las aguas, Caagüy-yara, señor de la selva, Yvy-yara, espíritu de la tierra, y otros, así como también algunos geniecillos menores, no siempre benignos, de los que podemos mencionar a Yacy-yateré, que raptaba a los niños, y a Curupí, terror de las doncellas. Yaguarú, por su parte, padre del lobo, con cinco ojos, personificaba al tiempo. Paí Zumé, personaje legendario, habría sido el que enseñó a los indios los cultivos agrícolas.
Yvaga era la residencia de divinidad. Tenían fe los guaraníes en la existencia de un sitio sin mal, el Yvy-maraeyva, y anhelaban alcanzar el Mbaé-verá-guazú, el lugar de las luces brillantes, recuerdo o noticia desfigurada del mar.
No existía completa uniformidad religiosa entre los guaraníes. En algunas parcialidades se encuentra un relato de la creación. El sol (Ñamandú-ypyré) y la luna (Güyra-pepó), gemelos varones, bajaron del cielo a la tierra para crear el mundo y al hombre. Hecho esto, disparando sus flechas hacia arriba, formaron sendas escalas por las que volvieron a ascender. De allí, alguna vez volverán para exterminar al género humano y aniquilar todo lo existente. Para evitar el catástrofe y temerosos que pudieran ser encarnaciones de ambas divinidades destructoras, dichos guaraníes daban muerte a todos los gemelos de sexo masculino que nacían. Nótese que en esta versión al sol y a la luna se les da denominaciones distintas a las que han sido recogidas por la lengua guaraní de nuestro tiempo.
En otros grupos, también guaraníes, se halla la concepción paternalista de Dios. Ñande-ruvusú, y de una remota destrucción del mundo habitado, por la acción del fuego, de la cual se habría salvado una parte de la humanidad, merced al aviso que aquél dio al hechicero Güyraypoty.
Además, algunas parcialidades guaraníes indicaban con la voz Tupá-cuera al conjunto de los dioses, aunque cabe la posibilidad de que esta sea una manifestación post-jesuítica.
En toda el área poblada por el grupo guaraní-tupí es general el gran temor que inspira el tigre, animal al que no se atreven a enfrentar los guerreros más valerosos. El Yaguaretéává, “hombre tigre”, es el indio poseído por el espíritu de dicha fiera: roba las presas de las trampas ajenas y se la atribuyen los males que padece la comunidad. Sus compañeros, cuando lo identifican, le dan muerte inmediata. Esta leyenda de gran similitud con la del “lobisón” europeo; llamado “luisón” en el Paraguay, quizás sea posterior a la conquista española, aún cuando se halla difundida entre los actuales avá-mbyá del Caaguazú y otras tribus selváticas.

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