sábado, 4 de julio de 2009

LAS LETRAS EN EL PARAGUAY DURANTE EL PERIODO EMANCIPADOR.

El año 1811 marca la culminación de un interesante proceso de desarrollo cultural, algunas de cuyas líneas fundamentales hemos puesto de resalto en capítulos anteriores.
Además de Fernando de la Mora y José Gaspar Rodríguez de Francia, redactores principales de la más trascendente documentación oficial, debemos recordar la intervención de Mariano Antonio Molas, el P. Manuel Antonio Corvalán el P. Sebastián Patiño y otros seglares y eclesiásticos en las deliberaciones del Congreso del año referido. Sacerdotes igualmente ilustrados eran Fray Fernando Caballero, del capitulo provincial franciscano, el Dr. Francisco Javier Bogaría, el P. Fermín Sarmiento, cura de la Villa Real. y propagandista de las ideas emancipadoras, y el P. José Agustín Molas, capellán de las fuerzas paraguayas en el combate de Tacuarí. Cabe, así mismo, recordar a los hermanos Marco Ignacio y Juan Bautista Qüin de Valdovinos, doctores ambos, y a Juan Manuel Grance, Manuel. José Báez y el porteño Pedro Alcántara de Somellera.
José Gaspar Rodríguez de Francia, nacido entre 1756 y 1766, hijo de García Engracia Rodrigues Francia portugués, capitán de artillería en las milicias provinciales, y de la paraguaya María Josefa de Velasco y Yegros, estudió en la Universidad de Córdoba, en la cual se doctoró en Teología, más sin haberse ordenado sacerdote. De regreso en Asunción, ejerció la docencia en el Real Colegio Seminario de San Carlos, integré el Cabildo de Asunción y en 1808 fue sorteado de una terna de candidatos para ser propuesto a la diputación del Virreinato en las Cortes Españolas. Diputado adjunto al Gobernador Velasco, el 16 de mayo de 1811, en representación de los patriotas, integré luego la Junta Superior Gubernativa y manejó las negociaciones del tratado del 12 de octubre de ese año con los representantes de Buenos Aires. Los dos escritos más trascendentes que se atribuyen a su pluma son la nota del 20 de julio de 1811, dirigida a las autoridades de Buenos Aires, en la cual se afirma el principio de la igualdad de todos los pueblos y el de la federación como medio de llegar a la unión de América, y el Reglamento de Gobierno aprobado por el Congreso de 1813 primera tentativa de un ordena miento jurídico nacional. Cónsul de la República en 1813 dictador temporal en 1814 y perpetuo desde 181ó, ejerció el poder sin limitaciones, hasta su muerte, acaecida el 20 de septiembre de 1840.
Fernando de la Mora, hijo de Fernando de la Mora y de Ana del Cazal y Sanabria, de linaje comunero, era hombre de sólida formación y de vasto conocimiento de los clásicos y de los autores de la Ilustración. En su mocedad, se alistó en la fuerza expedicionaria que acudió a la defensa del Río de la Plata contra las invasiones inglesas. Vocal y Secretario de la Junta Superior Gubernativa, comandó, pese a su condición de civil, una expedición punitiva contra los portugueses de Coimbra y de paso fundó el Cabildo de la Villa Real de la Concepción. Con Yegros y Caballero, sus compañeros de gobierno, compartió noble inquietud por el desarrollo de la enseñanza. Hemos hecho ya extensa referencia a la labor cultural de la Junta de 1812 y a los documentos cuya redacción cabe atribuir a Mora. Falleció en 1835, en el Cuartel del Hospital, donde desde hacía muchos años se hallaba encarcelado.
Mariano Antonio Molas, nacido hacia 1780, hijo de Pedro Molas, capitán de milicias y acaudalado vecino, y de Ursula de la Costa, cursó estudios en el Colegio Seminario y completé su formación en Buenos Aires, en las actividades forenses, como pasante de Juan José Castelli. Cuñado de los Montiel, se hallaba estrechamente vinculado con la juventud militar de la época. En el Congreso General de 1811, fue el vocero del partido patriota y la principal resolución de la asamblea tuvo origen en una extensa y pormenorizada propuesta suya. Durante los años iniciales de la dictadura, ejerció la abogacía con entereza y ética profesional. Preso desde 1828, permaneció en la cárcel hasta 1840. Es voz corriente que allí compuso su “Descripción histórica de la antigua provincia del Paraguay” primer libro escrito por Un paraguayo después de la Independencia, aunque se supone que lo terminó una vez en libertad. Se le atribuye también el “Clamor, de un paraguayo”, enérgico alegato contra el régimen franciscano. Falleció en una hacienda de los Montiel en los campos aledaños a Caapucú, en 1844.
José Agustín Molas, sacerdote y hermano del anterior, capellán militar en la acción de Tacuarí, acudió como parlamentario paraguayo a entrevistarse con el general Belgrano y compuso un relato de la conferencia, que ese mismo año fue publicado en Montevideo, con el titulo de “Conferencia que tuvo el Capellán del Ejército del Paraguay, D. José Agustín Molas, con el General D. Manuel Belgrano el día 10 de marzo de 1811 en el arroyo de Tacuarí”. Ejerció diversos curatos campesinos y adhirió a la causa emancipadora.
Manuel Antonio Corvalán, sacerdote patriota, cura de la Villa Rica, de Itapé y más tarde de Carapeguá, donde falleció en 1827, participó de las deliberaciones del Congreso de 1811 y una propuesta suya fue la más radical de las allí formuladas: Corvalán se opuso allí a que, ni tan siquiera dentro de un sistema federal, se sometiera el Paraguay a poder foráneo alguno.
A Fulgencio Yegros, militar de notables servicios y de preclara ascendencia nacido hacia 1780, era hijo del teniente coronel José Antonio de Yegros y de María Angela Franco de Torres y nieto de un gobernador, le tocó presidir la Junta Superior Gubernativa, cuya notable inquietud cultural hemos destacado. Ha quedado de él un poema, evocativo y de triste acento, escrito en la prisión, donde esperaba la muerte. De su prosa, nos sirve de muestra una carta firmada por su esposa, Facunda Esperati, y dirigida al capitán Pedro Juan Caballero, con motivo de la expedición enviada en 1812 a la reconquista del Fuerte Borbon, así como también diversos escritos de su puño y letra en actuaciones judiciales. Era hombre de regular ilustración y le corresponde responsabilidad solidaria en las medidas de fomento de la educación adoptadas durante su gobierno. Combatiente desde la adolescencia en las fronteras brasileña y correntina, en el rechazo de las invasiones inglesas y en la obtención de sendas victorias en Paraguari y Tacuari, recibió del Congreso de 1813 su investidura de Brigadier de Ejército. Fue ejecutado el 17 de julio de 1821.
Jóvenes oficiales de lúcida inteligencia y de satisfactoria ilustración eran Pedro Juan Caballero, los hermanos Iturbe, varios Montiel y Juan Bautista Rivarola.
De esta época es el “Diario de los sucesos memorables de Asunción desde el 14 de mayo de 1812”, varias veces reproducido en revistas, atribuido por unos al Dr. Juan Manuel Grance y por otros al coronel José Antonio de Zavala y Delgadillo. Grance tenía formación universitaria y había desempeñado diversos empleos en la administración colonial. Preso por espacio de dos décadas fue ejecutado, ya muy anciano, en 1835, Zavala y Delgadillo (1749-1715), uno de los más ca1icado Jefes militares de fines del siglo XVIII y comienzos del siguiente, tuvo a su cargo la función del Fuerte Borbón, en 1792, y otras comisiones de importancia. Le caracterizaba un notable conocimiento de los fondos documentales del archivo provincial y dejó informativas anotaciones genealógicas.
Pedro Alcantara de Somellera (1774-1854), natural de Buenos Aires, en 1811 era Teniente Asesor Letrado de la Intendencia del Paraguay. Prestó su adhesión a la causa patriota, pero en octubre del mencionado año, se dispuso su extrañamiento del territorio, iniciando la serie de los deportados de la historia política del Paraguay Independiente. Doctor en Jurisprudencia por la Universidad de Córdoba, desempeñó altas funciones políticas, administrativas y universitarias en la Argentina y el Uruguay, y dejó publicados varios libros. Durante su corta permanencia en Asunción (1807-1811) participó activamente de vida cultural.
Por último justo es hacer referencia a los doctores paraguayos Francisco Javier Bogarín, sacerdote y antiguo colegial de Monserrat, en Córdoba, Vocal que fue de la Junta Superior Gubernativa, Manuel José Báez, ya citado, vecino de la Villa Real y congresal en 1811, y Ventura Díaz de Bedoya que, aunque residía en Buenos Aires, se hallaba presente en Asunción en la época de las jornadas revolucionarias que hemos historiado.
Otros talentos se frustraron por la muerte prematura, la prisión prolongada o el silencio insuperable, antes de dar los frutos que cabía esperar de su ilustración y de sus dotes naturales.

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