martes, 21 de julio de 2009

LA POST-GUERRA “Guerra de la Triple Alianza”

martes, 21 de julio de 2009

  • El Paraguay en 1870.
  • La Convención Nacional Constituyente.
  • La Constitución del 70. La primera década.
  • Los tratados de paz y de límites.
  • El periodismo y las luchas cívicas.
  • Formación de los grandes partidos.
EL PARAGUAY EN 1870
Terminada la contienda y derrotado el Paraguay, tras heroica y prolongada resistencia opuesta a tres naciones coligadas, dos de las cuales eran las mayores del continente, se veía desesperante y abrumadora la situación en todos los órdenes. Aproximadamente el 80% de la población masculina y buena parte de la femenina habían perecido en los duros años corridos de l864 a 1870.
Mujeres, niños y ancianos se sumaron a los pocos varones sobrevivientes en la magna tarea de reconstruirlo todo y adaptarlo a las nuevas condiciones políticas, sociales, económicas y culturales. Todos los paraguayos, tanto los que provenían de las filas del glorioso ejército nacional, como los que lo hacían de las carpas aliadas, pusieron manos a la obra, sin formularse reproches, ni buscar motivos de disensión en el pasado inmediato.
De manera gradual paro sostenida, se fue repoblando el territorio, se reedificaron la casas, se cultivaron los campos y tomaron impulso creciente las actividades económicas.
En tan formidable empresa jugaron un rol decisivo las mujeres paraguayas.
También se iban incorporando a esta sociedad en recuperación numerosos extranjeros comerciantes, patrones de embarcaciones, industriales menores, artesanos, que se afincaron en el país y se integraron a su vida cotidiana.
Con las limitaciones impuestas por la permanente precariedad de los medios materiales, se fueron organizando los servicios esenciales del Estado y tuvo impulso un sistema educacional en constante desarrollo.

LA CONVENCION NACIONAL CONSTITUYENTE
Lo primero en la reconstrucción del Estado Paraguayo era dotarlo de una ley fundamental acorde con sus necesidades, con los adelantos de la ciencia política y con la evolución social y cultural del pueblo.
Con esa finalidad, el 3 de julio de 1870, por el sistema de sufragio universal y con candidaturas opuestas en muchos casos, se llevaron a cabo a elecciones generales en la capital y en las villas y partidos del interior, para integrar una Convención Nacional Constituyente. Esta inició sus tareas el 15 de agosto inmediato, con la presencia de cuarenta y uno de los cincuenta y un electos.
El 31, fue declarado acéfalo el Triunvirato que ejercía interinamente la función ejecutiva y se designó Presidente de la República al Dr. Facundo Machaín. Pero al día siguiente, por presión de los generales de las fuerzas aliadas de ocupación, dicho nombramiento quedó revocado y se confió el cargo al ex-triunviro Cirilo Antonio Rivarola, apoyado éste por el “Club del Pueblo” que dirigía Cándido Bareiro.
La Convención nombró de su seno una comisión redactora de la futura Constitución, formada por el citado Dr. Machaín y los convencionales Juan José Decoud, Juan Silvano Godoi, Salvador Jovellanos y Miguel Palacios. Esta tomó como base de su trabajo un proyecto del mismo Decoud, publicado por partes en el periódico “La Regeneración”.
El 18 de noviembre y tras extenso y pormenorizado debate, estaba terminado el estudio en general .y en particular de la nueva Constitución Nacional. Promulgada ella por Rivarola el 24, fue solemnemente jurada por pueblo y gobierno el 25 de noviembre de 1870.

LA CONSTITUCION DEL 70
De inspiración ibra1 y basada en las leves fundamentales de los Estados Unidos, la Argentina y otros países de Occidente, la Constitución aprobada por la Convención establecía el más amplio y comprensivo sistema de derechos y garantías, sin privar por ello al Estado de los medios idóneos para la eficaz atención de los intereses sociales.
Bajo su imperio y sin transgredirla en nada, pudieron regir la “Ley de Colonización y del Hogar”, la “Ley del Homestead” y otras disposiciones agraristas, así como también funcionaron el Departamento Nacional del Trabajo, el Banco Agrícola del Paraguay, con su Oficina Revisadora de Frutos, y la Oficina Cambios, luego transformada en Banco de la República.
Reconocía la Carta Magna el principio de a soberanía popular y organizaba el gobierno de acuerdo al sistema de separación de poderes.
El Poder Legislativo, bicameral, a cargo de un Senado y una Cámara de Diputados, era el único legislador, sin perjuicio de la facultad promulgatoria del Ejecutivo y de su derecho de veto. Las instituciones de la interpelación parlamentaria y del juicio político ponían en sus manos poderosos medios de controlar y moderar a los otros dos poderes.
El Poder Ejecutivo lo desempeñaba un Presidente de la República, paraguayo natural, cristiano, de treinta años cumplidos, nombrado por sufragio indirecto, que duraba cuatro años en sus funciones y no podía ser reelecto hasta transcurridos dos períodos completos desde su cese en el mando. Lo asistían cinco ministros que podía nombrar y remover a su arbitrio, los cuales refrendaban su firma en los decretos y demás actos de gobierno, Sustituto legal de aquél era el Vice-Presidente de la República, que debía reunir los mismos requisitos personales, era electo simultáneamente y presidía el Senado.
Componían el Poder Judicial el Superior Tribunal de Justicia, de tres miembros nombrados por el Ejecutivo con acuerdo del Senado, y tribunales y juzgados inferiores.
Inspirada en el interés general y elaborada por los representantes de la Nación, la Constitución de 1870 rigió por espacio de casi tres cuartos de siglo la vida política y social del Paraguay. Aunque nunca cumplida en su plenitud, fue un estatuto respetado y, en nuestra opinión, adecuado para el progreso de las instituciones y de la convivencia social. Durante su vigencia, el Paraguay se encaminó, de modo gradual y generalmente sostenido, al funcionamiento integral del sistema democrático representativo de gobierno.

LA PRIMERA DECADA
A mediados de 1870, durante los preparativos de la Convención Constituyente, se organizaron dos enucleaciones políticas, denominadas respectivamente “Club del Pueblo” y “Gran Club del Pueblo”. El primero postulaba la candidatura presidencial del coronel Fernando Iturburu, jefe de la “Legión Paraguaya”, y eran sus principales directores Cándido Bareiro, el coronel Pedro Recalde, Cayo Miltos. Rufino Taboada y Cirilo Solalinde, a los que, a partir del 31 de agosto y una vez Presidente Provisional de la República, se habría de sumar Rivarola. El segundo se nucleaba en torno de dirigentes más jóvenes, tales como el Dr. Facundo Machaín, los hermanos Decoud (Juan José y José Segundo), Juan Silvano Godoi, Benigno Ferreira y Miguel Palacios, y era su candidato el primero de los mismos. Sin diferencias ideológicas fundamentales, ambas enucleaciones agrupaban por igual a veteranos de la defensa y a antiguos “legionarios”, pudiendo considerarse más autoritarista al “Club del Pueblo” y también más permeable a las presiones de los generales de las fuerzas aliadas de ocupación.
Clausurada la Convención, luego de haber cumplido su misión específica, ambas agrupaciones desaparecieron, sumándose la mayor parte de sus respectivos integrantes a la administración pública, al parlamento y a la judicatura. La angustiosa situación que confrontaba el pueblo hacía imperativo para todo hombre idóneo el desempeño de la función pública, sin distinción de afectos o banderías.
Para el primer período constitucional (1870-74), resultaron electos Presidente y Vice-Presidente de la República, respectivamente, Cirilo Antonio Rivarola y Cayo Miltos. Este último falleció a las diez semanas de haber asumido sus funciones.
Rivarola, que tuvo cuestiones con el parlamento por haber sostenido contra éste a su ministro de hacienda, Juan B. Gill, dio un golpe de estado el 15 de octubre de 1871, declarando disueltas ambas, cámaras legislativas y convocando a elecciones. El nuevo Congreso, integrado en gran mayoría por partidarios de Gill, aceptó sin embargo la renuncia de Rivarola y confió la función ejecutiva a Salvador Jovellanos, al que acababa de proclamar Vice-Presidente de la República.
El referido período resultó muy agitado y sangriento. Durante la presidencia de Rivarola y después de su golpe de estado, se produjo en Pirayú e Itauguá un alzamiento, conocido como “Revolución de Tacuaral”, duramente reprimido por el oficialismo, siendo asesinado uno de sus principales promotores, el ex convencional José M. Concha, y debiendo emigrar los demás. Las fuerzas de represión se organizaron en un cuerpo permanente, que alcanzaría ulterior celebridad como “Batallón Guarará”, y cometieron toda clase de tropelías, incluso la muerte del ex diputado Juan Fulgencio Miltos, en Asunción.
Gobernando Jovellanos, se producen varias revoluciones campales, encabezadas por el general Bernardino Caballero. Derrotadas dos de ellas en marzo y en mayo de 1873 respectivamente, triunfa una tercera, en febrero de 1874, a cuyo comando se sumaban Bareiro, Rivarola, Gill y los coroneles Patricio Escabar y Germán Serrano. La intervención de los representantes brasileños salva al presidente Jovellanos y en virtud del llamado “Pacto de Febrero” los jefes de la rebelión victoriosa entran a formar parte del gabinete de aquél. Aquí nace una situación política que ha de prolongarse por varios años y en cuya dirección superior han de sucederse Gill, Bareiro y Caballero.
No satisfacen los acuerdos y su ejecución a muchos de los cabecillas revo1ucionario del interior, y en abril se pronuncian bajo la jefatura del mayor José Dolores Molas, veterano de la guerra y jefe político de Paraguarí. Avanza Molas sobre la capital, desbarata el ejército gubernista en Santísima Trinidad y se apresta a ocupar Asunción. En estas circunstancias, el 25 de abril, el Consejo de Ministros acuerda por unanimidad pedir el concurso del ejército brasileño de ocupación para batir a los insurgentes y documenta en acta tal resolución. Salen 2.500 soldados imperiales de las tres armas, encabezados por el general Auto da Silva Guimaraes. Barón de Yaguarón, a enfrentar a Molas. Este, en la imposibilidad de oponer resistencia material a tan poderosa fuerza, desbanda a sus hombres y emigra con sus partidarios más destacados.
El 8 de diciembre de 1875, nueva sublevación se produce en Caacupé, esta vez contra el gobierno de Gill: batido y perseguido su jefe, el general Germán Serrano, es ultimado en los bosques próximos a Caazapá.
El 12 de abril de 1877, matan en pleno centro de la capital al Presidente de la República, D. Juan Bautista Gill. Son jefes del complot, Molas, los hermanos Juan Silvano y Nicanor Godoi, el comandante Matías Goyburú y otros ciudadanos, y los apoya el ex-Presidente Rivarola con gente alzada en la Cordillera. Fracasa el golpe, son encarcelados varios de sus dirigentes y el 29 de octubre del mismo año son asesinados en la cárcel, corriendo igual suerte su abogado defensor, el Dr. Facundo Machaín. En diciembre de 1878, el ex-Presidente Rivarola, que había obtenido garantías para regresar a la capital, es asesinado a pocos instantes de haber salido de la casa del Presidente Bareiro. Con su muerte, sumada a las otras que también se habían producido de manera violenta en los años anteriores y al exilio del general Benigno Ferreira y de Juan Silvano Godoi, quedaban borrados los últimos vestigios de oposición. No obstante, Godoi haría un último intento en junio de 1879, con el vapor “Galileo’, logrando capturar varios puertos del Sur, pero fracasando finalmente.
A Jovellanos, lo había sucedido en la Presidencia de la República, para el período 1874-1878, Juan B. Gill, cuyo mandato completó el Vice-Presidente Higinio Uriarte. Para el cuadrienio 1878-82, resultaron electos los señores Cándido Bareiro y Adolfo Saguier. El 4 de septiembre de 1880, falleció inesperadamente Bareiro y los jefes militares apresaron al Vice-Presidente Saguier, cuando éste se disponía a asumir la función ejecutiva. Vista la acefalía del poder, el Congreso designó Presidente Provisional al general Caballero, que resultaría también electo para el periodo siguiente, completando así el sexenio 1880 – 1886.

LOS TRATADOS DE PAZ Y DE LÍMITES
Derrotado el Paraguay, los aliados vencedores se aprestaron a imponerle el cumplimiento de las injustas y onerosas condiciones del Tratado Secreto de la Triple Alianza, suscrito el 1° de mayo de 1865. La puja de sus influencias en el país y el cambio de sus respectivos gobiernos permitió que en alguna medida se atenuara la presión, sin que por ello se reconocieran al Paraguay sus indiscutibles derechos. Gravitaba penosamente en la vida nacional la presencia de ejércitos de ocupación.
La cuestión con el Brasil quedó terminada con el tratado firmado el 9 de enero de 1872 entre el representante paraguayo Carlos Loizaga y el Barón de Cotegipe, brasileño. Nuestro país admitía como límites el río Paraná, desde el Yguazú hasta el Salto del Guairá, y desde este gran accidente natural seguía por las alturas del Mbaracayú, la sierra de Amambay y el río Apa hasta su desembocadura en el Paraguay. Por la parte del Chaco, no se estableció delimitación, pues el Brasil estaba obligado a sostener las pretensiones territoriales argentinas, según los términos del ya referido Tratado Secreto de la Triple Alianza. En el momento de procederse a la demarcación sobre el terreno, los brasileños impusieron como cauce del Apa el arroyo Estrella. que queda al Sur del brazo principal de dicho río.
Con la Argentina, las tratativas fueron más largas. Dicho estado pretendía el Chaco hasta el río Verde, lo que hallaba fuerte oposición en nuestro país. El general Bartolomé Mitre, comisionado a Asunción en 1873, informaba a su Cancillería que el ministro Benigno Ferreira, “con influencia predominante en los consejos de gobierno y con mayoría de diputados en el Congreso, era de opinión que el Paraguay no debía ceder una pulgada al Norte del Bermejo” y que en esta actitud lo secundaban los demás paraguayos con gravitación.
Un acuerdo suscrito en Río de Janeiro por el plenipotenciario Jaime Sosa, en virtud de instrucciones de Jovellanos y por el cual se accedía a las demandas argentinas, fue terminante y severamente desautorizado por el Presidente Gill y por el Canciller Facundo Machain.
Por último, el propio Machain se trasladó a Buenos Aíres a negociar directamente. El Paraguay era país ocupado por ejércitos extranjeros y se hallaba inerme frente a ellos: no era mucha la resistencia que podría oponer a sus apropiaciones territoriales, salvo en el campo del Derecho. El 3 de febrero de 1876, suscribía Machain con su colega argentino, el Dr. Bernardo de Irigoyen, sendos tratados de paz y navegación y de límites. De acuerdo al segundo de ellos, se renunciaba a las tierras de la margen izquierda del Paraná y a la porción del Chaco situada al Sur del Pilcomayo, pero se sometía a arbitraje la parte Norte de ese río hasta el Verde, lo que equivalía su recuperación por el Paraguay cuyos títulos eran incuestionables. En efecto, oídos los alegatos del Dr. Benjamín Aceval y del representante argentino, el Presidente Hayes, de los Estados Unidos, designado árbitro, declaró en 1878 que todo ese territorio era del Paraguay.
En 1879, se realizó la solemne entrega de la Villa Occidental a nuestro gobierno, representado en ese acto por el general Patricio Escobar, y se dio la misma la denominación de Villa Hayes, como homenaje al árbitro.
Una nueva cuestión de límites ya no motivada directamente por los resultados de la guerra, se promovería, poco después. Bolivia, sin litoral marítimo desde su conflicto con Chile, aspiraba al acceso al estuario platense a través del río Paraguay. Para lograrlo, aducía derechos sobre el Chaco.
En 1879, se hizo presente en Asunción el plenipoteniciario Antonio Quijarro que, el 15 de octubre, suscribía con José Segundo Decoud, entonces Ministro de Relaciones Exteriores del Paraguay, un tratado en el cual, “sin discutir títulos ni antecedentes”, se establecía como frontera de ambos estados en el Chaco “el paralelo que parte de la desembocadura del Río Apa hasta encontrar el Río Pilcomayo”, Acuerdo tan desastroso provocó en el Paraguay enérgica repulsa de la prensa, expresada a través de los artículos de Alejandro Audibert, y no fue ratificado.
Propuesta en 1853 por Bolivia la modificación del referido acuerdo, cuatro años después se suscribía uno nuevo, en Asunción, por los Dres. Benjamín Aceval e Isaac Tamayo. Se dividía el Chaco en tres porciones. Pertenecía al Paraguay el extremo Sudeste, delimitado por una diagonal trazada desde el paralelo del Apa hasta la intersección del Pilcomayo con el meridiano 63° de longitud de Paris. Pertenecía a Bolivia el territorio situado al Norte de una línea que corría desde una legua aguas arriba de Fuerte Olimpo hasta el mismo meridiano 63º. La zona intermedia se sometía al arbitraje del rey de Bélgica. Tampoco hubo ratificación en este caso, por la considerable resistencia suscitada en ambos países.
La caducidad de ambos tratados fue acordada en un protocolo suscrito en Asunción, el 3 de agosto de 1894, por el paraguayo Gregorio Benítez y el boliviano Telmo Ichazo, los cuales continuaron las negociaciones hasta llegar, el día 23 de noviembre inmediato, a un nuevo convenio. Se disponía que serviría de límite una línea trazada de Nordeste a Sudoeste, desde tres leguas arriba de Fuerte Olimpo hasta la intersección del Pilcornayo con los 61º28 de Greenwich. Al día siguiente, el Presidente Marcos Morínigo, en decreto firmado por todos sus ministros, aprobaba el pacto y lo elevaba al Congreso para su ratificación. Sin embargo, el general Juan B. Egusquiza, que asumió la Presidencia de la República el 25 del mismo mes, nunca pasó al Poder Legislativo el pedido de confirmación de acuerdo internacional tan inconveniente.
En los últimos años del siglo, los cancilleres Juan Cancio Flecha y Fabio Queirolo se preocuparían de afirmar los derechos paraguayos y formularían una política más acorde con los intereses nacionales.

EL PERIODISMO Y LAS LUCHAS CIVICAS
El primer periódico aparecido en Asunción, aún antes de terminar la guerra, fue “La Regeneración”, de los hermanos Decoud, donde se publicó el ya mencionado anteproyecto de Constitución de Juan José Decoud. Dirigido por el Dr. Miguel Gallegos, cirujano militar argentino, y apoyada por el Club que presidía Bareiro, apareció el mismo año “La Voz del Pueblo”. Ambos órganos de prensa sufrieron asaltos y empastelamientos, en esos agitados días.
Diversos periódicos, de vida efímera, se sucedieron en la primera década. En 1876 y para sostener la política del Presidente Gill, comenzó a aparecer “La Reforma”, bajo la dirección de José Segundo Decoud, que se publicaría por varios años.
Con posterioridad a 1880, circularon “La Democracia’, dirigida por Ignacio Ibarra, que duró casi un cuarto de siglo, “El Heraldo”, de Héctor F. Decoud, entre cuyos redactores figuraba José de la Cruz Ayala, que firmaba sus colaboraciones con el seudónimo de “Alón”, y “El Orden”, del español Cristóbal Campos. Años más tarde, aparecerían “El Independiente” y “El Pueblo”, además de otras publicaciones de variada importancia y generalmente de poca duración.
Todos estos periódicos contribuyeron a animar la vida política y a interesar a la opinión pública en los problemas de esa índole.
En la última década del siglo, “El Tiempo”, redactado por Manuel Gondra, Manuel Domínguez, Fulgencio R. Moreno y Blas Garay, “El Progreso”, de los mismos Moreno y Domínguez, con Arsenio López Decoud, “E1 Pueblo”, en cuya dirección se sucedieron Cecilio Báez, Liberato M. Rojas y Francisco Luís Bareiro, “El Cívico”, a cargo de Adolfo R. Soler, “La Patria”, de Enrique Solano López con la cooperación de Juan E. O’Leary e Ignacio A. Pane, y otros diarios y semanarios que raramente vivían más de tres o cuatro años, ponían de manifiesta las diversas tendencias de la Opinión paraguaya.

LA FORMACION DE LOS GRANDES PARTIDOS
Diversas circunstancias se suman para que el período de gobierno del general Caballero revista caracteres distintos de los anteriores. La muerte ha hecho desaparecer a los grandes jefes civiles de la década precedente: Machain, Rivarola, Gill y Bareiro. Las medidas de extremo rigor adoptadas de 1874 al 80 han determinado la extinción de toda forma de oposición organizada.
Por otra parte, no en vano han transcurrido diez años desde la terminación de la guerra: una nueva generación se incorpora ya a la vida pública y a las actividades productivas, y el país va superando el estado de extrema, postración de 1870.
Los factores anotados y otros hacen que el sexenio presidido por el general Caballero sea de paz y constructivo. Dos instituciones de crédito, privadas pero con privilegios especiales, funcionan sucesivamente, el Banco Nacional del Paraguay y el Banco del Paraguay. Se establece el Registro del Estado Civil de las Personas y se dieta una nueva ley de municipalidades. El Uruguay, gobernado entonces por el general Máximo Santos, condona la deuda de guerra impuesta por los vencedores y devuelve los trofeos paraguayos.
Por iniciativa privada, se echan las bases del Asilo de Caridad.
Las maniobras de los agiotistas y las dificultades de colocación de los productos paraguayos en el exterior, sin embargo, contribuyen a que 1883 sea un año de dura crisis económica.
Aun cuando desde 1877 no existe oposición organizada, adquiere resonancia la interpelación que sobre manejo de los fondos públicos promueven al Ministro de Hacienda los diputados José M. Fretes, Ignacio Ibarra y Antonio Taboada, en 1883. Constituye ella la primera manifestación concreta y pública de disconformidad.
Circunstancias de orden político interno e internacional, así como también social y económico, influyen en la nucleación progresiva de los que no consideran satisfactorio el orden de cosas imperante. Del Colegio Nacional, ha egresado en 1882 la primera promoción de bachilleres, que será seguida por otras en los años inmediatos: gente joven e idealista, contribuye a dinamizar la vida pública y el periodismo, y más de uno de sus componentes choca con el sistema represivo en uso. Los ya recordados tratados de límites con Bolivia, aunque no ratificados, importan para el país grandes cesiones territoriales y han sido vigorosamente combatidos por Audibert. En virtud de las leyes de venta de las tierras públicas, dictadas en 1883 y 1885, enormes extensiones de campos, bosques y yerbales, han pasado a manos de propietarios, extranjeros, radicados en el Plata o en Europa, y ha nacido el latifundio en el Paraguay, Las prácticas electorales también irritan a hombres directivos y de pueblo en la capital y en el interior. A fines de 1885, el periodista José de la Cruz Ayala, que se había caracterizado como opositor a las leyes de venta de tierras, es reclutado y enviado al Chaco.
Gobernando el general Patricio Escobar, que desempeñó la función ejecutiva de 1886 al 90, se convoca a elecciones parlamentarias en Villarrica para el 12 de junio de 1887. El “Comité Popular”, presidido por Marcelino Rodas, con el apoyo del coronel Florentín Oviedo, preconiza las candidaturas de Esteban Gorostiaga y Antonio Taboada, frente a las oficialistas del general Caballero y Claudio Gorostiaga. Los comicios son sangrientos, hay muertos opositores y sus candidatos y partidarios principales son traídos presos a Asunción. Con este grupo guaireño y la gente opositora de la capital, vinculada por una afinidad nacida de las diversas causas arriba enumeradas, en reuniones sucesivas celebradas el 2 y el 10 de julio de 1887 se funda el “Centro Democrático”, que pronto será conocido como Partido Liberal. Es su presidente Taboada y sus más calificados dirigentes, el capitán de navío Pedro V. Gill, Cirilo Solalinde, José de la Cruz Ayala, Cecilio Báez, el Dr. Zacarías Caminos, Ignacio Ibarra y otros.
En otras reuniones posteriores, que tienen lugar el 25 de agosto y el 11 de septiembre del mismo año, los hombres más caracterizados de la situación acuerdan también organizarse de manera permanente en la Asociación Nacional Republicana, o Partido Colorado. El general Bernardino Caballero, secundado por José Segundo Decoud, es su primer jefe y figuran entre los fundadores el ex-Presidente Higinio Uriarte, los futuros Presidentes Juan G. González, Marcos Morínigo, Juan B. Egusquiza y Héctor Carvallo, los coroneles Juan Crisóstomo Centurión y Pedro Recalde, el mayor Higinio Céspedes y otros ciudadanos de prominente figuración en la política de entonces.
De esta manera, quedan establecidos los dos partidos tradicionales de nuestra patria, que durante más de ochenta años han canalizado buena parte de las inquietudes del pueblo paraguayo.
Las elecciones de diciembre de 1887, en la capital, fueron turbadas por la violencia y el 18 de octubre de 1891 los liberales tentaban un asalto a los cuarteles de la guarnición, que fracasó al caer muerto el Presidente del partido, mayor Eduardo Vera. En 1894 tomaba posesión de la Presidencia Constitucional de la República el general Juan B. Egusquiza, que el 9 de junio de ese año, de acuerdo con los generales Caballero y Escobar, había resuelto la destitución del Presidente González. El advenimiento del “egusquicismo” significó la división de ambos partidos. Egusquiza desplaza a los amigos de Caballero y busca el apoyo de los dirigentes liberales que habían permanecido en el país después de 1891, al mismo tiempo que permite el retorno de los exiliados. El Partido Liberal se divide en “cívicos”, partidarios de la cooperación con el gobierno, y “radicales”, intransigentes y encabezados por el Dr. Cecilio Báez. En el Partido Colorado, es perceptible la escisión entre “egusquicistas”, en ejercicio del poder, y “caballeristas”, relativamente marginados del mismo, aunque el Dr. Facundo Insfrán, Vice-Presidente de la República, pertenece a este último sector.
Esta situación se mantenía en líneas generales en 1900, cuando promediaba el gobierno de D. Emilio Aceval, sucesor inmediato de Egusquiza en la Presidencia de la República.
BIBLIOGRAFIA
Breve Historia de la Cultura en el Paraguay. Rafael Eladio Velázquez.
Gomes Freire Esteves, “Historia contemporánea del Paraguay” (Buenos Aires. 1921).
Efraim Cardozo, “Paraguay Independiente” Héctor F. Decoud, “La Convención Nacional Constituyente”. “Actas de la Convención Nacional Constituyente”, del año 1870 (Asunción, 1897).

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