sábado, 30 de mayo de 2009

EDUCACIÓN DE LOS INDIGENAS EN EL PARAGUAY

Fue preocupación constante de la corona española la incorporación de los indígenas a la vida civilizada, para lo cual, existieron diversas instituciones de captación.
En las capitales de los virreinatos, los hijos de los caciques y de otros i dios principales podían seguir estudios en los colegios de nobles. Pero en general, la asimilación del indio a la civilización occidental, que no había terminado en la época de la Independencia, se llevaba a cabo en las reducciones o pueblos. Allí, se lo instruía en materia religiosa y se lo iniciaba en las actividades agrícolas y demás sistemas racionales de producción. En algunos casos, aunque no fuera ello lo más frecuente, se llegaba al aprendizaje de la lectura y la escritura, así como al de determinados oficios manuales.
En el Paraguay, hubo reducciones indígenas a cargo de los jesuitas, de los franciscanos y del clero secular, donde los primeros organizaron coros polifónicos, formaron músicos y hábiles artesanos y tuvieron entres sus neófitos a más de uno al que se atribuyó directamente la paternidad de algún libro u obra de arte.
A fines del siglo XVIII, encontramos los nombres de varios indígenas guaraníes en la lista de alumnos del Real Colegio Seminario de San Carlos, y el gobernador Lázaro de Ribera proponía al Rey la creación de una escuela central en Asunción, en la cual cursaran sus estudios simultáneamente los jóvenes criollos y los mejor dotados de cada pueblo de indios, debiendo retornar éstos a sus lugares de origen para convertirse en maestros de sus coterráneos.

SITUACION DEL MESTIZO EN EL PARAGUAY.

Desde la época de la conquista y hasta comienzos del siglo XVIII, los mestizos estuvieron en el Paraguay, por lo general, equiparados jurídica y socialmente a los criollos. Hacia 1600, Ruy Díaz de Guzmán, hijo de español y mestiza, en nada se consideraba inferior a Hernando Arias de Saavedra, de padre y madre europeos.
Esta situación, que no se daba en todas la provincias españolas de América, se vio ratificada por una Cédula de Felipe IV del 31 de diciembre de 1662, que aceptó dicha práctica y declaró libre de tributo a un mestizo que había sido incorporado a una encomienda.
Las condiciones sociales reseñadas variaron en el siglo XVIII, en especial para los hijos de uniones recientes de españoles e indias, pero el proceso de fusión de razas estaba ya muy avanzado para que lo afectara sencillamente un cambio de conceptos.

viernes, 29 de mayo de 2009

EL MESTIZAJE EN EL PARAGUAY.

En los días de la fundación de Asunción y en el tercio del siglo que sigue, el mestizaje se opera con intensidad, tanto como resultado de una natural alianza de carios y españoles contra los “malones” chaqueños, como por la ausencia casi total de mujeres españolas.
Más adelante y por la vía de las uniones ilegítimas, continua este proceso, especialmente en el medio rural. Españoles, criollos, yanaconas y nabos conviven en Asunción y Villa Rica de Espíritu Santo y en los “valles” y “pagos” circunvecinos. Son precisamente los sistemas de la encomienda yanacona y de la naboria los grandes vehículos de la fusión de razas. Tapúa (hoy distritos de Luque, Limpio y Mariano Roque Alonso), Campo Grande (hoy parte de los distritos de Santísima Trinidad, Luque, San Lorenzo y Fernando de la Mora), La Frontera (hoy Ysaty, Lambaré, Ñemby, San Antonio y Villa Elisa), Tapyhipery (hoy zona urbana de San Lorenzo), Capiatá y Pirayú, y otros valles y cañadas, son las zonas de mestizaje durante los siglos XVII y XVIII.
Por las especiales características del régimen a que se hallan sometidos, los indios mitayos, reducidos a pueblos y de menos frecuente comunicación con los criollos, participan de manera mucho más atenuada de este proceso. Son esas comunidades las únicas en las cuales, en la época de la Independencia, se conserva sin alteraciones substanciales el tipo guaraní.
Los negros también intervienen aunque diluido por su muy escaso número y por su ninguna concentración geográfica. Sin embardo, una antigua hacienda de los dominicos, en Tavapy, es centro donde el elemento africano prima numéricamente y mantiene algunos de sus caracteres étnicos, pese a la fusión con españoles e indígenas. En el siglo XVIII familias de mulatos y zambos libres son concentradas en Emboscada, a otras se las compele a sumarse a la población de Villeta, y ya en la época de la independencia, se tienta con ella una fundación en Tavegó o Villa del Salvador.
En cuanto al aporte demográfico español, él se reduce exclusivamente a la gente venida en las expediciones conquistadoras. A partir de la armada de Ortiz de Zárate (1575) y hasta la segunda mitad del Siglo XVIII, es muy reducida, casi nula numéricamente, la inmigración. De allí arranca la gran importancia que tuviera el mestizaje en el proceso de formación nacional, y a ello también se debe que los mestizos del Paraguay gozaron de un “status” superior al de otras posesiones españolas.

EL INDIO COLONIAL.

Los guaraníes del Paraguay o carios, como ocurrió con las demás naciones indígenas de América Española, se vieron sometidos al régimen de la encomienda y generalmente reducidos a pueblos.
La encomienda era una institución jurídica social y económica, en virtud de la cual un indio o un grupo de ellos pagan a un español, el encomendero, el tributo que debía al Rey. El tributo debía pagarse en dinero o especies, pero en el Paraguay, contra expresas disposiciones de las Ordenanzas de Alfaro, se le daba cumplimiento con dos meses anuales de trabajo para el encomendero, lo cual no debe confundirse con el servicio personal o mita, que constituía otra obligación de trabajar, por turno y con salario, en actividades de interés económico o militar.
Cuando toda una toldería o tribu, con sus caciques, se sometía, era reducida a un pueblo. Allí los indios eran evangelizados, tenían sus casas y sus campos de cultivo, que sólo abandonaban para cumplir con la mita (turno de trabajo) y con las obligaciones para el encomendero. Estos indios se llamaban mitayos o misarios.
A los indios o grupos menores de ellos que eran capturados aisladamente, se los adscribía a la población de una ciudad o villa de españoles, de la cual desde entonces se los consideraba originarios. Estos originarios o yanaconas vivían en las chacras o haciendas de sus encomenderos y trabajaban todo el año para éstos.
El indio debía al encomendero el tributo. Este, en cambio, tenía que asistirlo, protegerlo y velar por su cristianización. Estaba obligado a armarse y equiparse a su costa para la defensa de los dominios del Rey.
Otra institución derivada de la anterior, es la naboría, frecuentemente practicada en el Paraguay: un niño indígena era entregado por sus padres a una familia española o criolla, para que lo educara y vistiera como a cristiano, a cambio de lo cual debía servirla.

ARTES Y CONOCIMIENTO DE LOS GUARANÍES.

Sus condiciones en materia botánica eran superiores a los de la generalidad de los pueblos aborígenes de América, y determinaban las aplicaciones medicinales de numerosas plantas. Después del griego y del latín – según afirma Bertoni-, en su lengua la que mas denominaciones ha proporcionado a las ciencias naturales.
Ejercían la medicina los paí avaré, los cariaba y los mencionados payé. A las prácticas mágicas de la succión y de la sajadura para expulsar a los espíritus malignos y a las ceremonias expiratorias, agregaban procedimientos más positivos, como el uso de infusiones y emplastos de substancias vegetales y animales. Diferenciaban las enfermedades y utilizaban distintos métodos terapéuticos, yerbas medicinales, amuletos y sortilegios, para cada uno de ellas.
En cosmografía, conocían el ciclo de las estaciones e identificaban a la mayor parte de los astros visibles sin auxilio de instrumentos.
Practicaban la danza y llevaban el ritmo con el mbaracá, calabaza hueca (porongo) con piedrecillas adentro. Otros instrumentos eran el mimby, o flauta de caña o de huesos animales o humanos, de la cual había gran variedad, el turf, o trompa guerrera, el tacua-pu, largo bastón para marcar el ritmo con golpes contra el suelo, el gualambau, arco sonoro que tiene una calabaza hueca como caja de resonancia, y otros.
Su lengua era rica y musical. Como ya hemos manifestado, ha sido la única que ha subsistido como medio de comunicación de criollos y mestizos, y constituyen hasta hoy uno de los factores aglutinantes de la nacionalidad paraguaya.
Los nombres propios revestían gran belleza. Entre los mencionados avá-mbyá, las mujeres tienen denominaciones de vegetales, en tanto que los varones llevan dos nombres, el de su clan y el individual, que generalmente es el de un animal.
Los guaraníes del Paraguay llamaban camba a los indios del Chaco, de cuerpo más robusto y de tez más oscura. Por analogía el apelativo se extendió a los negros africanos.
Su ingénita inclinación al aprendizaje, hicieron a los guaraníes aptos para integrarse antes que otras parcialidades a la sociedad cristiana.

CREENCIAS DE LOS GUARANÍES.

Los guaraníes practicaban un culto censillo, de las fuerzas naturales. Los hechiceros o payé gozaban de considerable influencia y en algunos casos llegaban a ejercer el mando. Sus tradiciones les recordaban un origen común con los tupíes del Brasil, téngase presente la leyenda de los hermanos Tupí y Guaraní que disputaron por la tenencia de un papagayo y se separaron, demostración de que se conocía el parentesco de ambos pueblos.
Tupá. dios del trueno, cuyo nombre fue incorporado al vocabulario de los misioneros católicos, parece haber sido la divinidad principal, con su antagonista Mba’e-pochy o Añá, el espíritu maligno.
Creían, además, en genios de la Naturaleza, los Pora, tales como Y-pora, de las aguas, Caagüy-yara, señor de la selva, Yvy-yara, espíritu de la tierra, y otros, así como también algunos geniecillos menores, no siempre benignos, de los que podemos mencionar a Yacy-yateré, que raptaba a los niños, y a Curupí, terror de las doncellas. Yaguarú, por su parte, padre del lobo, con cinco ojos, personificaba al tiempo. Paí Zumé, personaje legendario, habría sido el que enseñó a los indios los cultivos agrícolas.
Yvaga era la residencia de divinidad. Tenían fe los guaraníes en la existencia de un sitio sin mal, el Yvy-maraeyva, y anhelaban alcanzar el Mbaé-verá-guazú, el lugar de las luces brillantes, recuerdo o noticia desfigurada del mar.
No existía completa uniformidad religiosa entre los guaraníes. En algunas parcialidades se encuentra un relato de la creación. El sol (Ñamandú-ypyré) y la luna (Güyra-pepó), gemelos varones, bajaron del cielo a la tierra para crear el mundo y al hombre. Hecho esto, disparando sus flechas hacia arriba, formaron sendas escalas por las que volvieron a ascender. De allí, alguna vez volverán para exterminar al género humano y aniquilar todo lo existente. Para evitar el catástrofe y temerosos que pudieran ser encarnaciones de ambas divinidades destructoras, dichos guaraníes daban muerte a todos los gemelos de sexo masculino que nacían. Nótese que en esta versión al sol y a la luna se les da denominaciones distintas a las que han sido recogidas por la lengua guaraní de nuestro tiempo.
En otros grupos, también guaraníes, se halla la concepción paternalista de Dios. Ñande-ruvusú, y de una remota destrucción del mundo habitado, por la acción del fuego, de la cual se habría salvado una parte de la humanidad, merced al aviso que aquél dio al hechicero Güyraypoty.
Además, algunas parcialidades guaraníes indicaban con la voz Tupá-cuera al conjunto de los dioses, aunque cabe la posibilidad de que esta sea una manifestación post-jesuítica.
En toda el área poblada por el grupo guaraní-tupí es general el gran temor que inspira el tigre, animal al que no se atreven a enfrentar los guerreros más valerosos. El Yaguaretéává, “hombre tigre”, es el indio poseído por el espíritu de dicha fiera: roba las presas de las trampas ajenas y se la atribuyen los males que padece la comunidad. Sus compañeros, cuando lo identifican, le dan muerte inmediata. Esta leyenda de gran similitud con la del “lobisón” europeo; llamado “luisón” en el Paraguay, quizás sea posterior a la conquista española, aún cuando se halla difundida entre los actuales avá-mbyá del Caaguazú y otras tribus selváticas.

martes, 26 de mayo de 2009

SOCIEDAD Y CULTURA MATERIAL DE LOS GUARANÍES

Los guaraníes vivían de la agricultura, complementada con los productos de la caza, de la pesca y de la recolección de especie silvestres. Sus métodos de producción eran primitivos, pues carecían de implementos de labranza y de bestias de tiro.
Cultivaban principalmente maíz, mandioca, batata y algodón, por el sistema de “rozar” el monte, y para la siembra se valían de una estaca aguzada a fuego o yvyrá-jhacuá. No tenían animales domésticos, salvo loros, monos y otras especies ornamentales o de solaz.
Hilaban y tejían el algodón, dominaban la cestería y la alfarería, y aunque en su vocabulario había términos para designar algunos metales, no llegaron a utilizarlos.
Sin medios de transporte, los guaraníes transitaban a pie por estrechas sendas de los bosques. Para las comunicaciones, se valían de veloces correos o parejharas.
Entre los guaraníes, los lazos del parentesco inmediatos eran respetados y la familia podía ser polígama, si los medios de subsistencia lo permitían. Respetaban a los ancianos y rechazaban el incesto, el adulterio y el aborto.
“Interesante resulta la división de las edades: hasta los quince años, mitá con sus subdivisiones, (de) 1 a 7 …., de 7 a 15 mitá; de 15 a 25 es mitá-cariay o mitá-rusú, y cariay después de los 25 ; a los 45 es un tuyá, un anciano, no en el sentido de la decrepitud, sino de la vigencia plena del juicio. No servían cauy (bebida alcohólica) a los que no habían llegado a la pubertad”.
“La mujer es mitá-cuña, mitá-cuña-rusú, cuñataí y guaimí; niña, moza, mujer, anciana, pagando esta última un tributa a la aparición de la menopausia”.
Dentro de la tribu, podían distinguirse diversos clones o grupos familiares, aunque no parecen haber revestido necesariamente al carácter de totémicos.
Sus poblaciones o tolderias no eran de estabilidad definitiva, pues por determinadas causas – fallecimiento de un jefe o hechicero, epidemia, proximidad de enemigo o agotamiento del suelo – se producían migraciones. Más por lo general su nomadismo era relativo, limitado a un radio no muy extenso. Conservaban habitualmente con gran cuidado sus cementerios, los cuales no solían cambiar de emplazamiento con motivo de las referidas mudanzas y constituían, así, verdaderos títulos que acreditaban la posesión de las tierras y de los circundantes. Los sistemas de inhumación variaban según la época y el lugar, pero en la comarca asunceña era frecuentemente el uso de ánforas o urnas de barro cocido.
Sin embargo de lo que acabamos de expresar, en determinadas épocas se han hecho sentir fuertes impulsos migratorios entre los guaraníes: hemos hablado ya de los viajes colectivo desde el litoral atlántico hasta la falda de los Andes, a través del Chaco, y hay otra noticia de otros desplazamientos de comunidades selváticas del Alto Paraná, hacia el Este, a regiones entonces incultas de la Argentina y el Brasil, a fines del siglo pasado.
Un sentido de solidaridad unía a los guaraníes frente a las parcialidades ajenas al grupo, y se podían pactar alianzas o confederaciones circunstanciales para fines defensivos o para empresas de caza. No obstante, tales acuerdos eran de vigencia limitada en cuanto al territorio y a su duración. Nunca llegó a concretarse una organización estable equivalente al Estado Nacional.
En caso de guerra, los ancianos de la tribu elegían a un guerrero distinguido, el mburuvichá, para conducirlos. Fuera de estas circunstancias, el gobierno era muy simple y los problemas se resolvían por deliberación de los hombres de más edad y cabezas de familias o clones. Sin embargo, los españoles encontraron en casi todos los casos caciques permanentes. La institución del cacicazgo, incorporado al sistema colonial español con autoridad más nominal que efectiva, subsistía en 1811 y fue extinguida en 1848, al decretarse la supresión de las comunidades indígenas en cumplimiento de una ley de 1842.
Sus armas eran la macana o maza de madera, el arco y las flechas, comunes también a los pueblos pámpidos del Chaco, de los cuales los guaraníes se diferenciaban por el uso de flechas incendiarias.
Los guaraníes vivían prácticamente en el Neolítico porque además de desconocer el uso de los metales, su vivienda, sus útiles de labranza, sus armas y su organización social correspondían a ese estrato cultural.

Los guaraníes del Paraguay.

Agrupaciones entre los guaraníes del Paraguay, en el momento de la llegada de los españoles
Branislava Susnik distingue las siguientes agrupaciones entre los guaraníes del Paraguay, en el momento de la llegada de los españoles:
  1. Los Carió, o carios propiamente dichos, que se extendían entre los ríos Tebicuary y Manduvirá. Habitaban de preferencia en las márgenes de los ríos interiores y lagunas. Cultivaban maíz y mandioca dulce. Debía enfrentar las depredaciones de los indios del chaco. Fueron los primeros sometidos a la encomienda, en la época de Irala.
  2. Los Tobatines, en la cuenca del Manduvirá y algo hacia el norte, recibieron el aporte mbyá y tomaron parte en las migraciones prehispánicas hacia el Aguaragüe y el Parapití. La conquista española los dispersó, y algunos de sus descendientes fueron reducidos después de 1740 a los pueblos de San Estanislao y San Joaquín.
  3. Importantes núcleos guaraníes poblaban desde el Ybytyruzú hasta las nacientes del Monday y la margen derecha del Tebicuary medio.
  4. Los Guarambarenses, asentados entre los ríos Jejuí e Ypané y en las selvas del Mmbaracayú, eran sedentarios y agricultores. Producian principalmente mandioca. Sus diversas comunidades afirmaban una permanente coalición en el parentesco de sus jefes. Opusieron larga y tenaz resistencia a los españoles, se los sometió en guerra y sus núcleos Gurarambaré, Ypané y Atyrá, se convirtieron en reducciones. Hasta mediados del siglo XVII, se mostraron inquietos y rebeldes.
  5. Los Itatines, entre los ríos Apa y Miranda, eran relativamente nómadas, aunque agricultores. La hostilidad de sus vecinos los obligaba a vivir en permanente estado de guerra. Hubo entre ellos emigrantes hacia el macizo andino, antecesores de los guarayos, y en el siglo XVII sufrieron los efectos de las “malocas” paulistas.
  6. Los Paraná, expertos en la navegación en canoa, guerreros y labradores, vivían entre el Paraná y el Tebicuary en constante lucha con pueblos hostiles.
  7. Un grupo heterogéneo de pequeñas comunidades habitaba en las cuencas de los ríos Monday, Acaray e Yguazú.
  8. Los Tapé o tapés, entre los ríos Grande y Uruguay, pacíficos y agricultores, acogieron favorablemente a los misioneros y en el siglo XVII los afectó seriamente la expansión paulista.
  9. Los Guyrá, del Cuaracy-Verá, del Jerez-Ñu, del Amambay y del Mbaracayú, eran numerosos y habían en su territorio parcialidades no guaraníes. Se dieron entre ellos casos de antropofagia ritual. Enemigos de los tupíes, fueron sometidos por los españoles en las postrimerías del gobierno de Irala y el cuarto de siglo inmediato, encomendándoselos a los vecinos de tres ciudades establecidas en esa región. Entre ellos comenzó la labor evangelizadora de los jesuitas y resultaron los más castigados por la penetración portuguesa.

LOS GUARANIES. El grupo guaraní-tupí.

EL GRUPO GUARANÍ-TUPI
Los guaraníes pertenecían al grupo lingüístico guaraní-tupí, que ocupaba la parte central del continente sudamericano. Se extendía el mismo por casi todo el Brasil actual, la región oriental del Paraguay y zonas aledañas, existiendo parcialidades aisladas en el delta del Paraná. A fines del siglo XV y comienzos del XVI, poco antes de la llegada de los españoles a estas latitudes, algunas tribus guaraníes habían emigrado a través del Chaco hasta los contrafuertes andinos del Aguaragüe y el río Parapití, donde los primitivos habitantes de la zona los conocían como chiriguanos y guarayos.
Los guaraníes del Paraguay ocupaban las tierras de la margen izquierda del río del mismo nombre, distribuidos del modo que más adelante se detalla. Presentaban las características generales de los pueblos agricultores de la región selvática tropical y debían guerrear de continuo con las hordas depredatorias del Chaco. Los españoles los conocieron con la denominación de carios, que corresponde más propiamente a las parcialidades de la comarca asunceña.
Ni los guaraníes, ni los tupíes, habitaban solos el vasto territorio sobre el cual se hallaban asentados. Así, los tupies del norte compartían sus bosques con los aruacas o arawak, y hacia el centro y el este, con el grupo de (los guayaná y tal vez los botacudos) y con los akué (chavantes y otros), existiendo además diversos grupos menores. En cuanto a los guaraníes del Paraguay, se hallaban ellos expuestos al permanente acecho de los payaguá-guaicurú y de otros pueblos guerreros del Chaco, y sufrian por el norte la frecuente irrupción de los mbayá, afines al primero de los grupos mencionados. Los guayakí, de filiación indeterminada, aunque lingüísticamente guaraníes y tenidos por algunos antropólogos como proto-guaraníes, habitaban en el region boscosa del Caaguazú y del Alto Paraná. En la cuenca del Paraná, guerreros pámpidos se sumaban a los charrúas para disputar a los guaraníes de las islas del territorio y los medios de subsistencia.
Entre todos esos pueblos, el grupo guaraní-tupí parece haber alcanzado mayor desarrollo social y económico, no obstante que los tupíes del territorio brasileño eran comprobadamente antropófogos. Schmidl atribuye también esa costumbre a los cario del Paraguay, pero no podemos aceptar como definitiva su aceptación, pese a que testimonios posteriores han aportado evidencias relativas a los guayrá.